Informes privados advierten que la estrategia oficial para contener la divisa mediante la absorción de pesos disparó las tasas de interés y frenó el canal de crédito privado.
El equipo económico enfrenta una pulseada decisiva entre la contención de las variables financieras y la reactivación de la economía real. Con el fantasma del clima electoral anticipado, el Banco Central (BCRA) y el Tesoro implementaron un fuerte esquema de defensa para fijar un techo de cristal en el dólar mayorista —evitando que supere los $1.500— mediante la venta masiva de coberturas, instrumentos dollar-linked y contratos en el Rofex. Sin embargo, esta estrategia de absorción monetaria desató un repentino sobrsalto en las tasas de interés, marcando el fin de la calma financiera.
Informes de destacadas consultoras como Romano Group, PPI, GMA Capital y Outlier coinciden en señalar que el costo de secar la plaza de pesos para cuidar el tipo de cambio generó una fuerte contracción de la liquidez y una suba generalizada en los rendimientos de toda la curva en pesos. Esta restricción golpea de lleno al crédito al sector privado, que encadena varios meses de caídas reales, mientras la mora familiar y el enfriamiento del consumo masivo exponen las limitaciones de un esquema que sigue subordinado a la dinámica cambiaria.
El dilema oficial radica en el delicado equilibrio que debe administrar el ministro Luis Caputo y el titular del BCRA, Santiago Bausili. Relajar los encajes o permitir una mayor inyección de liquidez a través de las próximas licitaciones podría aliviar las tasas y oxigenar el incipiente rebote del crédito, pero con el riesgo latente de presionar sobre la cotización del dólar y avivar las expectativas inflacionarias. El sendero hacia los próximos meses se presenta así como una prueba de fuego para sostener el equilibrio macroeconómico sin asfixiar la actividad productiva.
