Con proyectos mal defendidos en el Congreso y un clima social marcado por el enfriamiento de las expectativas, el Gobierno enfrenta un punto de inflexión en su capital político.
Tras un verano de importantes avances legislativos, una sucesión de errores de cálculo político volvió a abrirle espacio a una oposición que parecía debilitada. La falta de iniciativas capaces de sintonizar con las preocupaciones cotidianas de la ciudadanía plantea serios interrogantes sobre el rumbo del plan del presidente Javier Milei y su vínculo con los argentinos.
La falta de timing político y una deficiente secuencia en la presentación de proyectos —sumada a tropiezos como el decreto de los prácticos de Federico Sturzenegger o la fallida Ley de Tierras y Extranjerización— le devolvieron aire a sectores opositores. A esto se le suma la tensión con los gobernadores provinciales ante incumplimientos en acuerdos previos, lo que frena el apoyo legislativo necesario y debilita la estrategia oficial en el Congreso.
El autoboicot y la pérdida de timing
El propio andarivel político del oficialismo demuestra que es posible contar con buenas ideas y transformaciones de fondo, pero fallar estrepitosamente en el timing político y en la secuenciación de las medidas. Tras un verano inusualmente exitoso en materia legislativa —marcado por la modernización laboral, la Ley de Glaciares y la baja de la imputabilidad en un Congreso que antes funcionaba como un cepo—, la administración nacional pareció estancarse en debates y normativas inoportunas.
Un claro ejemplo fue el decreto sobre los prácticos impulsado por Sturzenegger, que obligó al Gobierno a dar marcha atrás en medio de advertencias sobre el desabastecimiento de combustible y un conflicto pésimamente calculado. Del mismo modo, la fallida iniciativa sobre la Ley de Tierras y Extranjerización expuso una grave falencia comunicacional y de defensa política. Al no explicar adecuadamente el proyecto, el oficialismo permitió que la oposición aglutinara voluntades bajo la contundente y sensible consigna nacionalista de que “la Patria no se vende”, obligando a retirar la iniciativa y debilitando otras normas como la Ley del Fuego.
El factor gobernadores y el freno legislativo
Este desgaste en el terreno legislativo también repercute de manera directa en el vínculo con los mandatarios provinciales. Aquellos gobernadores que inicialmente se mostraron predispuestos a acompañar al oficialismo en Diputados comenzaron a marcar distancia, advirtiendo sobre incumplimientos en acuerdos pactados —como los subsidios a las zonas frías—.
A los reclamos de los distritos por la falta de giro de fondos y la reticencia del ministro de Economía, Luis Caputo, a destrabar ciertos costos, se le añade un mapa legislativo catalogado por un riguroso «semáforo». Mientras las iniciativas activas se concentran en aspectos estructurales pero poco atractivos para el ciudadano de a pie (como pliegos judiciales, el Banco Central o sociedades), las leyes de mayor peso político e imán social han quedado en pausa o directamente cajoneadas por falta de plafón y quórum.
Del optimismo a la desilusión social
En el plano emocional, la gestión enfrenta un cambio de época respecto al pulso ciudadano. Si durante la campaña electoral el hartazgo, la bronca contra la casta y herramientas disruptivas como la motosierra sintonizaron a la perfección con el humor social y la hiperinflación latente, el escenario actual muestra un desvío hacia la tristeza, el enojo y la desilusión.
Por primera vez, la expectativa de mejora económica para el año entrante se ha invertido, quebrando el insumo básico de todo gobierno: la esperanza. Las desregulaciones y los profundos cambios macroeconómicos, por más necesarios que resulten en los papeles, no logran conectar con la microeconomía de una sociedad que demanda respuestas cotidianas. Esto abre un profundo debate sobre si el plan económico actual ha llegado a su techo de rendimiento o si requiere un giro táctico urgente para evitar que el ajuste y la contracción de la actividad sigan erosionando el capital político del oficialismo.
