Entre negociaciones, exigencias de lealtad y la amenaza de listas colectoras o competidoras, el justicialismo define los pasos a seguir frente a los mandatarios del norte.
La cumbre que los principales dirigentes del peronismo mantuvieron la semana pasada dejó múltiples temas estratégicos en carpeta de cara al escenario político nacional. Además de la coincidencia generalizada para bloquear la derogación de las PASO que impulsa la administración de Javier Milei, se formalizó un acuerdo clave entre los referentes del espacio: intentar concretar el retorno de los gobernadores Raúl Jalil (Catamarca) y Osvaldo Jaldo (Tucumán) al esquema de unidad central del Partido Justicialista con vistas al 2027.
La jugada política persigue el objetivo primordial de contener dentro de una misma alternativa opositora a dos mandatarios provinciales que ejercen la conducción territorial en sus distritos y que, en los comicios previos, compitieron respaldados por los sellos partidarios y diferenciados de La Libertad Avanza (LLA). No obstante, el mapa de gobernadores quedó marcado por divergencias profundas: mientras subsiste una mesa de mandatarios integrada por figuras como Axel Kicillof, Gildo Insfrán y Ricardo Quintela, los mandatarios norteños junto al salteño Gustavo Sáenz han mantenido una dinámica de diálogo fluido, negociaciones directas y cercanía institucional con la Casa Rosada a través de funcionarios nacionales.
Delegados designados y las exigencias de la cúpula partidaria
Durante la cumbre celebrada en el Hotel Emperador, de la que participaron gobernadores junto a referentes como Sergio Massa, Máximo Kirchner, Germán Martínez, José Mayans y Gerardo Zamora, se estructuró el mecanismo operativo para encarar las tratativas. Por unanimidad se acordó designar a dos emisarios con trayectorias de diálogo prolongadas: Gerardo Zamora asumió la misión de entablar las conversaciones formales con Osvaldo Jaldo, en tanto que Ricardo Quintela quedó encargado de hacer lo propio con Raúl Jalil.
Sin embargo, el camino hacia la repatriación política de ambos gobernadores no está exento de condiciones estrictas fijadas por el kirchnerismo. Cerca de Cristina y Máximo Kirchner remarcaron que, si bien las puertas del espacio se encuentran abiertas, el retorno no puede fundarse en un pragmatismo carente de sustento parlamentario:
- Pruebas concretas: Desde el sector cristinista advirtieron que los mandatarios deben demostrar su pertenencia a través de hechos políticos verificables en el Congreso de la Nación.
- Coherencia legislativa: La exigencia central consiste en acompañar al bloque opositor votando en unidad tanto la defensa de las PASO como las normativas clave que se debatan en los próximos meses, exigiendo definiciones claras sobre el posicionamiento frente al oficialismo nacional.
En paralelo, desde el espacio de Axel Kicillof y el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) prefieren mantener una postura de mayor cautela temporal. Consideran que el proceso de articulación general requiere prudencia y que la prioridad actual pasa por consolidar los armados territoriales sin apresurar definiciones electorales prematuras que condicionen la estrategia a largo plazo.
Las tensiones locales y el riesgo de internas en las provincias
El «operativo retorno» también colisiona de manera directa con las complejas realidades de la vida política interna en cada distrito, un factor que añade incertidumbre al éxito de las negociaciones de cúpula:
- El escenario en Tucumán: La situación de Osvaldo Jaldo presenta focos de tensión inocultables debido a su enfrentamiento histórico con el sector liderado por Juan Manzur. Pese a que el actual gobernador ha sumado a dirigentes y figuras territoriales clave —como la intendenta de San Miguel de Tucumán, Rossana Chahla, y el diputado Javier Noguera—, el manzurismo conserva una porción influyente del justicialismo provincial. Desde la conducción nacional del peronismo advirtieron con claridad que, si Jaldo decide consolidar una alianza permanente con el oficialismo nacional, el espacio no dudará en respaldar una candidatura propia en la provincia para disputar el poder local, utilizando la figura de Manzur u otros referentes para poner en jaque el proyecto oficialista provincial.
- El escenario en Catamarca: Por su parte, la situación institucional de Raúl Jalil discurre por carriles diferentes, sostenida en un pacto político de alternancia con la senadora y presidenta del PJ provincial, Lucía Corpacci, orientado a asegurar la continuidad del proyecto político municipal y provincial a través de figuras como el intendente Gustavo Saadi. No obstante, las pretensiones de la Casa Rosada respecto a habilitar mecanismos de reelección indefinida o enmiendas constitucionales para prorrogar mandatos complican el tablero de negociaciones nacionales.
En conclusión, el peronismo transita una etapa de reordenamiento donde conviven la necesidad imperiosa de sumar volumen electoral y legislativo con las profundas resistencias locales. El futuro político de Jaldo y Jalil dependerá de la capacidad de articular acuerdos de cúpula que soporten el filtro de las exigencias parlamentarias y las implacables internas provinciales.
