Las tensiones entre los principales asesores del Gobierno y el debate por el relato económico exponen los desafíos políticos que enfrenta la administración libertaria de cara al próximo proceso electoral.
Los cortocircuitos en la cúpula oficial expuestos en las últimas semanas abren interrogantes ineludibles sobre el rumbo político y comunicacional del oficialismo de cara a las elecciones legislativas de 2027. La situación trascendió a partir de episodios públicos y privados que reflejan una pulseada latente en la Casa Rosada: el faltazo del asesor presidencial Santiago Caputo a la reunión de gabinete en el despacho conocido como el “Salón Parravicini” y el posterior furcio del vocero Adrián Ravier —quien deslizó que el filmmaker Santiago Oría lo había reemplazado en la comunicación digital— encendieron las dudas en la alta política sobre la continuidad del gurú estrella del Gobierno.
Ante las especulaciones, el propio Caputo se encargó de transmitir en privado: «Mi salida no fue tópico de conversación con Javier… No por ahora». Sin embargo, para los analistas y sectores internos, esa frase suena más a una amenaza táctica que a una definición definitiva. Por un lado, desarmar posiciones implicaría para él abandonar múltiples terminales de poder que maneja en el organigrama estatal, desde la SIDE y dependencias de ARCA hasta el Ministerio de Saúde y canales directos de vínculo con el trumpismo. Por el otro, la tensión revela una disputa de fondo por el control de la estrategia y el relato.
La puja por el relato digital y la influencia de Karina Milei
En este tablero, Santiago Oría ha ganado un terreno considerable en la estrategia de redes sociales por instrucción directa de Karina Milei. La secretaria general de la Presidencia no solo lo empoderó, sino que le asignó recursos económicos para profundizar en la generación de conversación digital. Junto a un grupo de WhatsApp denominado «Comunicación LLA» —integrado por Martín Menem, su sobrino Sharif y el influencer Iñaki Gutiérrez—, Oría produce contenidos orientados a ofrecerle al presidente exactamente lo que quiere escuchar: una autocelebración continua combinada con la agitación contra los críticos del Gobierno.
Este esquema incluye desde videos que muestran calles y shoppings repletos para negar la caída del consumo hasta teorías conspirativas sobre el «castrochavismo» impulsadas por figuras como Lilia Lemoine. No obstante, esta receta genera fuertes críticas en la tropa caputista. La autodenominada guardia pretoriana o «Fuerzas del Cielo» cuestiona que ese regodeo constante despoja a la gestión del arrojo inicial. «Es puro ‘chupamedismo’. Le arman un Disney al presidente porque es difícil decirle que no a Javier», se quejó un miembro de esa tribu, advirtiendo sobre la distancia entre ese discurso edulcorado y la realidad del bolsillo ciudadano, que encabeza las preocupaciones en los sondeos de opinión.
Contradicciones económicas y la multiplicación de voceros
El zigzagueo oficial también se traslada al plano económico. Mientras por momentos el relato oficial sostiene que la economía «está volando» sin afectación de salarios ni cierres de empresas, por otros surgen reconocimientos explícitos de la necesidad de «impulsar» o «reactivar» sectores rezagados como la construcción, tal como admitió el ministro de Economía, Luis Caputo. La paradoja se acentuó cuando el titular del Palacio de Hacienda defendió los créditos hipotecarios apelando al concepto de «justicia social», lo que generó risas e ironías puertas adentro sobre un supuesto giro «Full commies».
Frente a estas contradicciones, el Gobierno resolvió multiplicar los voceros para defender la gestión. La estrategia incluye la coordinación del secretario de Medios, Fabián Fernández, con ministros para una agenda de entrevistas y un programa de coaching para diputados y senadores a cargo de Ariel Ferrentino y Mariano García Realini. No obstante, esta primera experiencia arrancó con tropiezos: mientras legisladores como Bertie Benegas Lynch dejaron frases polémicas sobre la morosidad y los resultados futbolísticos, otros sectores buscaron complejizar el debate apoyándose en informes técnicos sobre el endeudamiento de los hogares.
Pragmatismo, aliados y las incógnitas hacia el futuro
A pesar de los roces en el antiguo «triángulo de hierro», la cúpula oficial demuestra pragmatismo cuando se trata de temas sensibles e institucionales. Un ejemplo de ello fue el entendimiento previo entre el alfil karinista Sebastián Pareja —presidente de la Bicameral de Inteligencia— y el titular de la SIDE, Cristian Aguadra, para encauzar el informe sobre fondos reservados ante el Congreso, o bien la coordinación logística de cara a la inminente y delicada visita internacional de León XIV.
En paralelo, el vínculo con los aliados estratégicos y el PRO transita por un sendero de cautela y especulación. Las reuniones entre La Libertad Avanza y el espacio macrista no arrojan certezas, mientras figuras como Patricia Bullrich reclaman mayor cercanía social en las reuniones de equipo y analizan su propio posicionamiento de cara a 2027. Con una oposición fragmentada, el futuro político de la administración libertaria depende en última instancia de su propia capacidad para resolver sus contradicciones internas, unificar un relato coherente y definir una estrategia electoral clara que logre sintonizar con el humor de la sociedad.
