Mientras los indicadores de ingresos urbanos muestran una recuperación por la baja inflacionaria, un informe multidimensional de la UCA revela que la falta de infraestructura frena a los sectores productivos. Graneros y Burruyacú registran un índice crítico de 45,8 puntos de vulnerabilidad patrimonial.
La estabilización de las variables macroeconómicas y la consecuente baja de la pobreza medida por ingresos —que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) ubica hoy en el 28%— encuentran un límite físico y metodológico en el interior profundo de la Argentina. Un estudio de pobreza multidimensional estructural desarrollado por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA para la Fundación La Nación expone que el rezago en infraestructura, capital humano y servicios básicos mantiene a 13 de los 17 departamentos de Tucumán bajo condiciones de alta vulnerabilidad socioeconómica. Encabezados por Graneros y Burruyacú, que alcanzan un índice de 45,8 sobre una escala de 100, estos distritos evidencian que el flujo de dinero en efectivo en los hogares no logra revertir déficits estructurales como la falta de agua de red, la precariedad habitacional o la exclusión del sistema educativo formal. Para la economía regional, estos indicadores representan un cuello de botella que condiciona la productividad de la fuerza laboral y perpetúa una profunda asimetría con los centros urbanos del Gran San Miguel de Tucumán.
La brecha de infraestructura como freno productivo
El índice elaborado por la UCA evalúa once variables que no dependen del poder adquisitivo coyuntural, sino de la inversión pública y privada acumulada. Al analizar los extremos del mapa tucumano, la economía de la provincia se fragmenta:
- Zonas de rezago estructural: Los departamentos extrapampeanos y rurales del norte y sur (Trancas, Simoca, La Cocha, Burruyacú, Graneros) promedian un índice superior a los 44 puntos. La falta de servicios básicos y conectividad no solo degrada la calidad de vida, sino que eleva los costos logísticos y restringe la tecnificación del empleo agrario.
- El oasis de servicios: En el extremo opuesto, Yerba Buena (32,1) y la Capital (33,2) concentran la inversión, la infraestructura consolidada y el empleo formal de alta calificación, operando como un polo de atracción que profundiza el vaciamiento del interior.
Matriz de Asimetría Económica Departamental
La distribución de los 505.542 hogares relevados demuestra que la vulnerabilidad estructural está directamente asociada a la matriz productiva de cada territorio:
| Departamento | Índice de Vulnerabilidad Structural (0-100) | Perfil Económico / Limitante del Desarrollo |
| Graneros | 45,8 | Economía de subsistencia y empleo público; alta dispersión rural en el sur. |
| Burruyacú | 45,8 | Frontera agraria (citrus y granos); fuerte aislamiento de parajes rurales. |
| Trancas | 45,2 | Cuenca lechera; deficiencias críticas en infraestructura de saneamiento y caminos. |
| Simoca | 44,9 | Informalidad laboral estructural; alta dependencia de economías estacionales. |
| La Cocha | 44,4 | Producción de tabaco y minifundios; bajo nivel de capitalización hogareña. |
| Cruz Alta | 43,7 | Polo industrial y agropecuario; alta densidad de asentamientos periféricos sin red. |
| Tafí del Valle | 41,9 | Economía turística estacional; comunidades rurales de altura desconectadas. |
| Chicligasta | 40,6 | Centro comercial (Concepción) robusto, pero con periferia agraria vulnerable. |
| Tafí Viejo | 39,0 | Transición metropolitana; diversificación industrial y ferroviaria en consolidación. |
| Capital | 33,2 | Concentración del sector financiero, servicios, comercio e infraestructura de red. |
| Yerba Buena | 32,1 | Núcleo residencial de altos ingresos; mayor tasa de profesionales de la provincia. |
La discusión metodológica: El punto ciego de la EPH
El informe introduce un debate técnico central para los hacedores de política económica. El enfoque de la Casa Rosada basado exclusivamente en la Canasta Básica Total (CBT) resulta insuficiente para trazar planes de desarrollo a largo plazo:
El sesgo urbano del ingreso: La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec tiene un diseño muestral que solo cubre grandes aglomerados urbanos. Al dejar fuera del radar a las poblaciones rurales, la estadística oficial subestima el impacto de variables no monetarias. Como advierte Ianina Tuñón (UCA), la falta de escolarización o las deficiencias en la primera infancia destruyen de forma anticipada el stock de capital humano disponible para el mercado laboral del futuro, una pérdida económica que es muy difícil de revertir con una simple recomposición de salarios reales.
La radiografía socioeconómica de Tucumán demuestra que la reactivación macroeconómica y la estabilidad monetaria son condiciones necesarias, pero no suficientes, para transformar la realidad del Norte Grande. Si el crecimiento de la actividad agroindustrial no se traduce en inversiones estructurales en saneamiento, transporte, vivienda y educación técnica en el interior, la brecha de productividad interna seguirá ampliándose. La verdadera batalla económica de la provincia no se libra en la capacidad de consumo del Gran San Miguel, sino en la remoción de los obstáculos estructurales que mantienen a departamentos enteros como Graneros y Burruyacú desconectados de los circuitos formales del desarrollo.
