Radiografía de un parate productivo: cómo las lluvias desnudan la vulnerabilidad de la agroindustria.
La economía tucumana, históricamente sustentada por los complejos sucroalcoholero y citrícola, enfrenta una prueba de estrés. La persistencia de las precipitaciones en este inicio de junio no es solo un fenómeno meteorológico; es un factor de desaceleración que golpea el corazón del ciclo productivo. Con cinco ingenios aún inactivos y la cosecha de limones frenada en el territorio, el sector privado comienza a evaluar los efectos de una interrupción que, de prolongarse, promete alterar la logística de exportación y los niveles de molienda proyectados para la campaña 2026.
El análisis de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) revela que la anomalía es severa: registros pluviométricos que casi cuadruplican los promedios históricos en zonas clave del sur provincial (como Río Chico y La Cocha) han inhabilitado el tránsito en los campos. Esta «parálisis logística» impide la entrada de maquinaria y la recolección de materia prima, creando un cuello de botella que obliga a las plantas a detener sus trapiches. Si bien el sector granario, con la cosecha de soja casi finalizada, logra extraer una lectura positiva —aprovechando la humedad para la próxima siembra de trigo—, para los sectores del azúcar y el limón, cada día de lluvia es una pérdida de valor agregable y una complicación en el cumplimiento de los contratos de exportación.
El impacto estructural trasciende el dato diario. La zafra sucroalcoholera y la temporada citrícola son el motor de la ocupación laboral intensiva en la provincia. La detención escalonada que advierten desde Acnoa no solo afectaría a las empresas líderes, sino que desestabiliza a una cadena de valor que incluye a contratistas, transportistas y servicios auxiliares. A mediano plazo, el desafío para Tucumán radica en la gestión de estos imponderables climáticos que, bajo el contexto de cambio de patrones de precipitaciones, exigen una mayor inversión en infraestructura de drenaje y caminos rurales. Por ahora, el sector mantiene una cautelosa espera: la capacidad de resiliencia del modelo agroindustrial tucumano depende, más que nunca, de una mejora en las condiciones atmosféricas que permita retomar el ritmo antes de que los plazos de cosecha se vuelvan críticos.
