El trasfondo del laberinto libertario: por qué la pelea entre facciones define el escenario electoral de 2027.
El actual clima político en Tucumán revela una paradoja estructural: mientras La Libertad Avanza (LLA) ostenta un caudal electoral cercano al 35% —un piso competitivo tras el éxito en las legislativas de 2025—, su capacidad de disputar el poder real hacia 2027 se desvanece en la atomización. La sobreactuación del conflicto entre Mariano Campero y Lisandro Catalán es la punta del iceberg de una oposición «loteada», donde las aspiraciones personales y la falta de un proyecto común terminan por debilitar a la única fuerza capaz de erosionar la hegemonía del oficialismo.
El problema medular reside en la arquitectura política que LLA ha decidido adoptar en la provincia. Al autoimponerse la prohibición de acoples, el oficialismo libertario renuncia a la herramienta táctica fundamental del sistema electoral tucumano. Esta decisión, que busca purificar la marca, se traduce en una lista única que, si bien garantiza coherencia interna, resulta insuficiente para traccionar votos en los territorios. Esta estrategia crea un vacío que otros actores, como el intendente Alejandro Molinuevo o el legislador Agustín Romano Norri, comienzan a explorar mediante una diplomacia paralela: un discurso público de confrontación hacia Campero, pero canales de apertura hacia otros sectores opositores.
Esta fragmentación no es ajena a la compleja relación entre Tucumán y la Casa Rosada. La sintonía fina entre el gobernador Osvaldo Jaldo y el Gobierno nacional —materializada en fotos y acuerdos de gestión y gobernabilidad— coloca a los libertarios tucumanos en una encrucijada estratégica: ser la «oposición dura» que exige su base militante o ser el puente institucional que la Casa Rosada necesita para garantizar el apoyo legislativo. En este juego de espejos, figuras como el diputado Federico Pelli han capitalizado la visibilidad, mientras que la falta de un líder claro y único termina por favorecer, paradójicamente, al oficialismo peronista.
A mediano plazo, el éxito del «jaldismo» no depende de la fortaleza propia, sino de la debilidad ajena. Para el oficialismo, el escenario ideal de cara a 2027 es mantener a la oposición en este estado de archipiélago: un conjunto de facciones (radicales desencantados, libertarios puros, peronistas disidentes) que, al no poder converger, se neutralizan entre sí. Mientras los referentes opositores consumen energía en definir quién es el «verdadero» representante de la agenda de Javier Milei en la provincia, la maquinaria electoral del Gobierno provincial avanza consolidando sus acuerdos internos con Acevedo y Chahla. La pregunta central no es quién ganará la pulseada por el sello, sino si la oposición será capaz de salir de su laberinto antes de que el calendario electoral termine por validar, una vez más, la continuidad del statu quo.
