Un sistema de pagos digital creado en 2020 creció con mucha fuerza en Brasil, convirtiéndose en una solución pública tan disruptiva que despertó el rechazo de Estados Unidos y generó tensiones comerciales con la administración de Donald Trump.
Pix es un sistema de pago instantáneo creado por técnicos del Banco Central de Brasil que permite transferir dinero entre cuentas en segundos y a cualquier hora, utilizando el teléfono celular mediante claves, números de cuenta o escaneando códigos QR estáticos y dinámicos. A diferencia de otros sistemas globales, este desarrollo es de carácter estatal y es operado directamente por la autoridad monetaria del país.
Crecimiento y masividad en Brasil
- El sistema cuenta con 176 millones de usuarios, lo que equivale al 80% de la población brasileña.
- Registra más de 7.000 millones de transacciones mensuales por un valor promedio de US$9 por operación, enfocándose en compras cotidianas de montos bajos.
- No le cobra recargos al comprador y aplica a los comercios una comisión promedio de apenas 0,22%, muy por debajo de las tarjetas de débito (más del 1%) y de crédito (2,2%).
- Ha acelerado notablemente la bancarización de la población y potenciado el desarrollo de neobancos y fintechs nacionales.
El conflicto comercial con Estados Unidos
La masividad y el éxito de Pix incomodaron a las grandes empresas tecnológicas y de servicios de pago estadounidenses, como Visa y Mastercard. Tras una investigación basada en la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, el gobierno de Donald Trump acusó a Brasil de perjudicar injustamente a las firmas de EE.UU.
Los principales cuestionamientos de Washington se centran en:
- El conflicto de intereses derivado del doble rol del Banco Central de Brasil como regulador del mercado y propietario u operador de la herramienta.
- El trato preferencial, ya que la autoridad monetaria exige que las instituciones financieras con más de 500.000 cuentas integren a Pix en la pantalla principal de sus aplicaciones con alta visibilidad y lo ofrezcan sin comisiones.
Como resultado de estas conclusiones, Estados Unidos impuso aranceles del 25% a los productos brasileños. Por su parte, el gobierno de Lula da Silva rechazó las medidas, anunció respuestas con reciprocidad y llevó formalmente el caso ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).
