La región registró una nueva disminución del hambre y ya supera los 30 millones de personas afectadas por la subalimentación crónica. República Dominicana se convirtió en el sexto país latinoamericano en quedar por debajo del umbral estadístico del 2,5%, tras más de dos décadas de políticas sociales, crecimiento económico y apoyo a la producción.
América Latina y el Caribe logró una nueva mejora en sus indicadores de hambre y completó cinco años consecutivos de descenso de la subalimentación. El dato surge del informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026”, elaborado por distintas agencias de las Naciones Unidas y publicado a fines de julio.
De acuerdo con el estudio, la subalimentación crónica se redujo un 4,8% en la región durante los últimos cinco años. Aun así, más de 30 millones de personas continúan padeciendo hambre.
Para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el hambre o subalimentación crónica implica un consumo insuficiente de calorías durante al menos un año. Para medir esta situación, utiliza el indicador denominado Prevalencia de la Subalimentación (PoU).
En este contexto, República Dominicana se convirtió en el último país de la región en alcanzar estadísticamente la condición de “hambre cero”, definida cuando menos del 2,5% de la población padece subalimentación.
Con este nuevo ingreso, son seis los países latinoamericanos que alcanzaron ese nivel:
- Brasil: 2012
- Costa Rica: 2013
- Uruguay: 2015
- Chile: 2021
- Guyana: 2021
- República Dominicana: 2026
El economista jefe de la FAO, Máximo Torero, sostuvo que las experiencias de estos países muestran un patrón común: la reducción del hambre se produce cuando las políticas agrícolas, económicas y sociales funcionan de manera complementaria.
Según explicó, resulta fundamental combinar programas de protección social dirigidos a los sectores más vulnerables con políticas destinadas a fortalecer la producción agrícola.
Los especialistas consideran que no existe una fórmula completamente novedosa para combatir el hambre. El principal desafío está en sostener y aplicar durante largos períodos las políticas que demostraron resultados.
Brasil representa uno de los principales antecedentes. El país había alcanzado el nivel de hambre cero hace más de una década, aunque durante la pandemia volvió a aumentar la subalimentación. Posteriormente logró recuperar ese indicador y regresar al umbral de hambre cero.
Con una población superior a los 200 millones de habitantes, Brasil también se convirtió en una referencia para otras naciones de la región que adoptaron algunos de sus programas.
El panorama del hambre en América Latina
El informe de la FAO reúne información mundial correspondiente al período comprendido entre 2004 y 2025 y analiza indicadores relacionados con el hambre, la desnutrición y la inseguridad alimentaria.
Aunque el resultado regional muestra una evolución positiva, la situación continúa siendo desigual entre los países.
Argentina aparece actualmente como el país latinoamericano más próximo a alcanzar el umbral de hambre cero, con una tasa de subalimentación del 2,8%. México se encuentra en segundo lugar, con 3,1%.
La lista continúa con Colombia y Paraguay, ambos con 4,1%; Panamá, con 4,7%; Venezuela y El Salvador, con 5,3%; Perú, con 5,7%; Ecuador, con 10,8%; Guatemala, con 12,7%; Honduras, con 14,3%; y Bolivia, con 19,5%.
En el caso de Nicaragua y Cuba, el informe no dispone de información.
Bolivia presenta el porcentaje más elevado entre los países latinoamericanos incluidos en la medición, con casi una quinta parte de su población en situación de subalimentación.
El camino de República Dominicana hacia el hambre cero
La situación dominicana representa uno de los cambios más importantes registrados por el informe.
El país atravesó hace más de dos décadas una profunda crisis económica. En 2003 sufrió un colapso bancario que derivó en una de las mayores crisis de su historia reciente. Al año siguiente, las estimaciones señalaban que aproximadamente una de cada cinco personas padecía hambre.
La emergencia estuvo acompañada por una elevada inflación y altos niveles de desempleo. En agosto de 2004 asumió la presidencia Leonel Fernández y, junto con el Fondo Monetario Internacional (FMI), se implementó un programa de estabilización macroeconómica.
Durante los años siguientes, República Dominicana experimentó una recuperación económica impulsada por nuevas inversiones, el turismo, la construcción, las zonas francas y las remesas.
La economía también atravesó la crisis financiera internacional de 2008 y posteriormente retomó su crecimiento, con la excepción del impacto provocado por la pandemia.
En paralelo, los distintos gobiernos implementaron políticas sociales destinadas a mejorar el acceso de la población a los alimentos.
El proceso se desarrolló durante administraciones de distintas fuerzas políticas. El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) gobernó durante 16 años consecutivos, con Leonel Fernández y Danilo Medina en la Presidencia entre 2004 y 2020. Desde 2020, el Ejecutivo está encabezado por Luis Abinader, del Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Los programas que contribuyeron a reducir el hambre
Entre las políticas implementadas durante este período se encuentra el Programa de Alimentación Escolar (PAE). A partir de la extensión de la jornada escolar desde 2013, los alumnos de escuelas públicas comenzaron a recibir desayuno, almuerzo y merienda.
También se puso en marcha el Programa Aliméntate, que alcanza aproximadamente al 14% de la población. El sistema utiliza una tarjeta electrónica con un monto destinado a la compra de alimentos en establecimientos ubicados principalmente en sectores populares.
Los beneficiarios son seleccionados mediante un sistema único que registra a las personas con mayores necesidades. Para establecer la situación de cada hogar se consideran factores como ingresos, gastos, características de la vivienda y acceso a los alimentos.
Entre las medidas también figuran el Programa Bono Gas, que otorga subsidios para la compra de gas licuado destinado a cocinar, y el Programa Comedores Económicos, que ofrece comida elaborada de manera gratuita en zonas con altos niveles de pobreza.
A estas políticas se sumaron medidas para incrementar la producción agrícola. Entre ellas se encuentran el financiamiento a tasas preferenciales para productores, la incorporación de tecnología, la entrega de títulos de terrenos, capacitaciones y compras públicas a productores locales.
Según especialistas citados en el informe, el aumento de la producción de proteínas animales, especialmente pollo y huevos, también tuvo incidencia en la mejora de la disponibilidad de alimentos.
Máximo Torero destacó además el esfuerzo realizado para facilitar el acceso al financiamiento de pequeños y medianos productores.
Una historia detrás de las estadísticas
El impacto de estas políticas puede observarse en historias como la de Dioris Rijo, una productora agrícola de 50 años que vive en la provincia de La Altagracia.
Cuando sus tres hijos eran pequeños, su familia atravesó períodos de hambre en medio de la crisis económica que sufrió el país. Durante años trabajó en el sector hotelero y en otras empresas de ciudades cercanas a Punta Cana.
La pandemia volvió a afectar su situación cuando desaparecieron los turistas y, con ellos, numerosos puestos de trabajo. Rijo regresó entonces al campo para intentar sostenerse mediante la producción agrícola.
Actualmente cultiva productos como lechuga, apio y puerro, además de criar tilapias en estanques. Su actividad cuenta con apoyo de subsidios estatales y le permite obtener ingresos sin tener que trasladarse para buscar trabajo.
Otros habitantes también combinan sus ingresos laborales con las ayudas sociales destinadas a cubrir necesidades alimentarias.
El hambre cero no elimina la inseguridad alimentaria
Aunque República Dominicana logró alcanzar el umbral estadístico de hambre cero, el resultado no significa que todos sus habitantes tengan garantizado un acceso suficiente y estable a alimentos nutritivos.
El propio informe señala que el 41% de la población dominicana padece inseguridad alimentaria moderada o severa.
La diferencia es relevante: mientras el indicador de subalimentación mide principalmente la disponibilidad suficiente de energía alimentaria y el consumo mínimo de calorías, la inseguridad alimentaria contempla las dificultades para acceder regularmente a alimentos adecuados y nutritivos.
Por eso, el desafío para República Dominicana no termina con la llegada al hambre cero. El país deberá sostener las políticas sociales y productivas que permitieron mejorar sus indicadores y, al mismo tiempo, avanzar sobre las dificultades que todavía afectan el acceso cotidiano a una alimentación adecuada.
