Mientras el exterior apuesta al refugio en el oro por el conflicto en Medio Oriente, los analistas locales cuestionan el manejo de las herramientas financieras del Banco Central y el Tesoro.
Mientras los mercados internacionales reaccionan con incertidumbre ante la escalada en el Golfo Pérsico y la volatilidad del petróleo y el oro, el escenario doméstico atraviesa turbulencias financieras.
Informes de reconocidas consultoras y bancos de inversión coinciden en señalar que la última licitación del Tesoro —que logró un rollover del 144% y capturó un neto de 5,4 billones de pesos— generó una restricción excesiva de liquidez, tensionando las tasas de interés y recalentando la discusión sobre la efectividad del programa monetario.
La estrategia oficial orientada a acelerar la desinflación mediante el control estricto de agregados monetarios y la intervención cambiaria para contener el dólar por debajo de los 1.500 pesos comienza a mostrar costos colaterales sobre la actividad real.
Informes de entidades como el Banco Mariva, EconViews, FMyA y Adcap Grupo Financiero advierten que la economía real se desplaza a dos velocidades: mientras sectores pujantes como la minería, el agro y la energía traccionan, la construcción, el comercio y el consumo masivo permanecen aletargados en un contexto recesivo.
A este apretón financiero se le suman los recientes traspiés políticos del oficialismo en el Congreso —marcados por el revés en el capítulo de tierras y la resistencia a los proyectos de desregulación—, lo que generó un debilitamiento en las expectativas de los inversores.
Si bien la baja de la inflación hacia niveles inferiores al 2% mensual consolida el ancla nominal, el deterioro en los indicadores de empleo, salarios y las mediciones de imagen pública configuran un escenario de máxima cautela de cara al tramo político que se avecina.
