Los datos oficiales reflejan un fuerte incremento del sobrepeso, la obesidad y las dificultades de acceso económico a una alimentación saludable en todo el territorio nacional.
Un reciente informe global de la FAO-ONU sobre el estado de la seguridad alimentaria expone un escenario complejo para la Argentina: a pesar de que la prevalencia histórica de subalimentación se redujo al 2,8% en el periodo 2023-2025, el país registra un marcado retroceso en los indicadores de inseguridad alimentaria moderada o grave, que trepó al 31,7%. Esta dualidad pone en evidencia que el problema central no radica en la escasez de producción, sino en las graves dificultades de accesibilidad económica a una dieta saludable.
El relevamiento internacional también advierte sobre el avance de la malnutrición por exceso y déficit. En la última década, la obesidad en adultos escaló drásticamente hasta alcanzar al 37,2% de la población en 2024, mientras que el sobrepeso infantil y los índices de anemia en mujeres también mostraron un incremento preocupante. Este deterioro socioalimentario contrasta fuertemente con la posición estratégica del país a nivel global, ya que Argentina se ubica como el cuarto productor mundial de tierras negras (soil black), concentrando recursos fundamentales para la seguridad alimentaria internacional.
En un contexto cruzado por tensiones geopolíticas globales, encarecimiento de insumos y debates locales sobre el uso y extranjerización de la tierra, los analistas señalan que la falta de infraestructura logística y los elevados costos internos erosionan la competitividad del sector. Garantizar el acceso a los alimentos y preservar la calidad de los suelos productivos se perfila como un desafío estructural impostergable para evitar que el potencial agroexportador conviva con bolsones crecientes de vulnerabilidad social.
