Con una profundidad superior a los 100 kilómetros, el movimiento telúrico puso en evidencia la compleja interacción entre las placas de Nazca y Suramericana.
El terremoto de magnitud 7,4, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés), tuvo su epicentro en el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó y una profundidad de 107 km. Las autoridades informaron que el sismo causó cerca de 200 víctimas mortales, colapsos de edificios y graves daños materiales en ciudades como Pereira, Manizales y Cali.
Es el «sismo más fuerte que se ha sentido en la última década en el país», dijo Julio Fierro Morales, director general del Servicio Geológico Colombiano. Según el organismo, la actividad sísmica registrada en esta zona responde a la dinámica tectónica natural del occidente colombiano y está asociada, entre otros procesos, al movimiento de la llamada placa de Nazca.
El fenómeno de la subducción
El fenómeno que se conoce como «subducción» se da cuando una placa se hunde y se desliza debajo de otra. Germán Prieto, profesor del Departamento de Geociencias de la Universidad Nacional de Colombia, recuerda que el país está ubicado en el límite entre varias placas tectónicas, la ya mencionada Nazca, la Suramericana y la del Caribe.
El sismo registrado este lunes ocurrió porque la placa de Nazca, ubicada en el Océano Pacífico, se mete por debajo de la placa Suramericana en dirección al este, donde se encuentra Colombia, explica el académico.
Colombia es un país sísmicamente activo por el encuentro de esas placas (que incluye, además, la del Caribe). Rígidas y frías, las placas tectónicas son la capa más superficial de la Tierra, mientras que el interior es caliente. «Se puede pensar en un huevo, con un interior blando y una cáscara dura», le explica Prieto a BBC Mundo. Esa cáscara rocosa de la Tierra «está partida en pedazos como un rompecabezas y esos pedazos se mueven. El movimiento entre los pedazos es lo que genera los terremotos», apunta el experto.
La importancia de la profundidad
El terremoto registrado en Colombia tuvo una gran magnitud, lo que no necesariamente significa que por eso sea el más destructivo. De hecho, la magnitud de un sismo es solo uno de los factores que influyen en su poder de destrucción.
Otro factor decisivo es la profundidad. «Fue un temblor bastante profundo, lo que hace que las ondas lleguen atenuadas a la superficie», explica Sergio Barrientos, director del Centro Sismológico Nacional de la Universidad de Chile. «No es un terremoto de contacto entre placas», explica el sismólogo, como los que ocurrieron en junio en Venezuela.
La profundidad es precisamente una de las causas que explica por qué el terremoto de 1999 en la zona del Eje Cafetero colombiano tuvo un gran poder destructivo, especialmente en la ciudad de Armenia. En esa ocasión, el sismo tuvo una magnitud de 6,2, pero —a diferencia del actual— fue mucho más superficial y dejó cerca de 1.200 muertos, según cifras oficiales. El terremoto ocurrió cerca de la misma zona, pero a mucha más profundidad.
La sismicidad en el occidente de Colombia responde a la dinámica natural de subducción de la placa de Nazca, la cual avanza bajo el continente a una velocidad de 55-60 milímetros por año, acumulando presión y energía que, eventualmente, se libera en forma de terremotos.
Y el movimiento de subducción se relaciona con los límites de las placas tectónicas, que puede ser divergente, convergente y de transformación, precisa el experto colombiano. En este sismo, el límite entre las placas es convergente, es decir, éstas se mueven en direcciones encontradas y una de ellas, generalmente la oceánica, se desliza por debajo.
Este tipo de fenómeno es común en varias partes del mundo, explica el experto. «El Cinturón de Fuego del Pacífico es una expresión de varios límites convergentes y de subducción, que tienen asociados terremotos y cadenas de volcanes». Este cinturón va desde Chile y Perú hasta Colombia, pasando por Centroamérica, después por Canadá, por Alaska, Kamchatka, Japón y las Islas Marianas, y termina en Nueva Zelanda y Tonga. «Todas esas regiones tienen volcanes activos y terremotos», apunta.
¿Está conectado con los terremotos de Venezuela?
El presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, Feliciano de Santis, le dice a BBC Mundo que el terremoto de Colombia y los ocurridos recientemente en Venezuela no están conectados directamente.
«En Venezuela y Colombia compartimos la placa Suramericana y la placa del Caribe, pero la conexión entre los sismos es muy indirecta», explica. «Uno no puede decir que cada vez que tiemble en Venezuela después va a temblar allí», aunque los dos países forman parte de todo un sistema de placas interconectadas. «Es como la cáscara de una mandarina que está rota en varios sitios y todas se interconectan».
En Venezuela, agrega el experto, existe un sistema de fallas diferente. «El sistema de Colombia es más profundo». Y es precisamente esa profundidad la que ayuda a mitigar los daños. «En Venezuela los sistemas son más superficiales porque nuestras placas se rozan lateralmente y en Colombia tienen un sistema de compresión en el que una placa se mete debajo de la otra», explica de Santis. Es, básicamente, un modelo tectónico diferente.
Colombia, un país sísmico
Debido a su ubicación sobre la zona de interacción de las placas tectónicas de Nazca, Caribe y Suramericana, Colombia es una de las naciones con mayor actividad sísmica de América Latina y ha sido escenario de terremotos de gran magnitud.
En el país se registran, en promedio, cerca de 2.500 sismos al mes (unos 80 al día). La mayoría son de baja magnitud, la población no los percibe y solo quedan registrados en los reportes técnicos, según explica el Servicio Geológico Colombiano. También influye que el país está ubicado en el Cinturón de Fuego del Pacífico.
Entre los mayores sismos registrados en Colombia está el del 31 de enero de 1906, con una magnitud de 8,8 y epicentro frente a las costas del Pacífico colombiano y ecuatoriano, generando un tsunami. También el de 1979, de magnitud 8,1 frente a las costas de Nariño. En la historia reciente, destacan el de 2004 (magnitud 7,2) y el de La Vega en 2012 (magnitud 7,1).
Sin embargo, como la magnitud no necesariamente determina el impacto, otros sismos menos potentes han causado estragos por su cercanía a zonas pobladas o la vulnerabilidad de las construcciones, como el de Armenia en 1999 (1.185 víctimas mortales) o el de Páez en 1994 (más de 800 muertes).
