La creciente preocupación por la concentración, el aprendizaje y el bienestar emocional de los alumnos impulsa nuevas normativas a nivel global, mientras organizaciones como UNICEF abogan por proteger a los menores sin descartar las oportunidades pedagógicas de la tecnología.
En busca de recuperar la concentración, mejorar el rendimiento académico y proteger el bienestar emocional de los estudiantes frente a la hiperconectividad, un número cada vez mayor de países ha comenzado a implementar restricciones estrictas al uso de teléfonos móviles y herramientas digitales en las aulas. Según datos del informe Global Education Monitoring (GEM) de la Unesco, para marzo de 2026 al menos 114 sistemas educativos en todo el mundo —lo que representa el 58% de los países— ya aplican prohibiciones nacionales sobre el uso de celulares en las escuelas.
El fenómeno responde a una preocupación global impulsada por el promedio de notificaciones diarias que recibe un adolescente —estimado en unas 237 alertas según estudios de Common Sense Media— y el impacto directo que esto genera en competencias básicas como la lectura, la escritura y la capacidad de atención. Naciones como Suecia, que durante años lideraron la digitalización educativa, han decidido dar marcha atrás destinando importantes recursos a los libros impresos y prohibiendo los teléfonos móviles en las escuelas para revertir el deterioro observado en los resultados de sus alumnos. Por su parte, Noruega optó por restringir de forma explícita el uso de inteligencia artificial generativa, como ChatGPT, en las escuelas primarias para niños de entre 6 y 13 años.
El impacto de las medidas y la mirada regional
En Países Bajos, donde las escuelas implementaron acuerdos nacionales para dejar los dispositivos fuera de las aulas o en casilleros durante la jornada escolar, las evaluaciones preliminares indican una mejora notable en el clima social, una reducción drástica del acoso escolar y un incremento del rendimiento académico. En América Latina, la tendencia también avanza con fuerza: en Argentina y Brasil se han aprobado normativas nacionales y provinciales —como las vigentes en la Ciudad de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires y diversas jurisdicciones del interior— que restringen el uso de celulares durante las clases y recreos, contemplando siempre excepciones puntuales para actividades pedagógicas, accesibilidad, salud o emergencias.
A pesar de los beneficios evidentes en la interacción cara a cara y la convivencia escolar, organismos como UNICEF advierten que el desafío no se agota en una prohibición total. Olga Isaza, directora regional adjunta de UNICEF para América Latina y el Caribe, señala que si bien los riesgos vinculados al ciberacoso y la distracción son legítimos, las restricciones deben ser proporcionales. Para la organización, es fundamental contemplar excepciones para estudiantes que dependen de estos dispositivos por razones de discapacidad o necesidades de asistencia, asegurando que la tecnología siga cumpliendo un rol de inclusión y apoyo sin exponer a los menores a la hiperconectividad nociva.
