La búsqueda obsesiva de masa muscular suele camuflarse detrás de hábitos saludables, generando graves consecuencias físicas y psicológicas en las nuevas generaciones.
En las últimas décadas, la sociedad ha desarrollado herramientas para identificar con mayor facilidad cuando una adolescente presenta una relación conflictiva con su cuerpo, vinculada habitualmente al deseo de adelgazar. Sin embargo, los especialistas advierten que la situación es sustancialmente distinta —y mucho más compleja de detectar— cuando se trata de varones cuya fijación gira en torno al desarrollo y la hipertrofia muscular.
En una entrevista exclusiva con el doctor Roberto Olivardia, especialista con más de 30 años de trayectoria en trastornos de la imagen corporal y coautor de The Adonis Complex, se analizó cómo este fenómeno ha ganado terreno en la cultura popular y se ha amplificado de forma masiva mediante las plataformas digitales y la denominada «manosfera». A diferencia de lo que ocurría en décadas anteriores, la presión por alcanzar un físico idealizado afecta hoy a menores de tan solo 10 años, normalizando conductas extremas y confundiendo hábitos de vida saludables con patologías como la dismorfia muscular.
El impacto de las redes sociales y la desinformación
Uno de los ejes centrales señalados por el especialista radica en el rol transformador que han tenido las redes sociales en la conducta de los jóvenes. Mientras que un profesional de la salud mental asiste a un paciente durante un promedio de 50 minutos semanales, los algoritmos exponen a los menores a consumir entre 10 y 15 horas semanales de contenido emitido por influencers sin sustento científico.
Esta sobreexposición genera que prácticas riesgosas —tales como entrenamientos exhaustivos de cinco o seis horas diarias, rutinas lesivas o el consumo de sustancias peligrosas como esteroides y analgésicos para paliar el dolor— comiencen a ser vistas como muestras de disciplina y fortaleza, cuando en realidad esconden graves problemas de percepción corporal y trastornos psicológicos profundos.
¿Cómo identificar la línea entre lo saludable y lo patológico?
Frente a este escenario, los profesionales de la salud enfatizan que no se cuestiona la práctica deportiva, la buena alimentación o el ejercicio en su justa medida, sino el sesgo obsesivo que este adquiere. Entre las principales señales de alerta para padres, docentes y entrenadores se destacan:
- La percepción distorsionada de la realidad: cuando el joven se observa a sí mismo de manera poco realista, sintiéndose «demasiado pequeño» o enclenque a pesar de contar con un desarrollo muscular considerable.
- La afectación de otras áreas vitales: cuando el tiempo dedicado al gimnasio o al fitness anula por completo el espacio para el estudio, la socialización u otras actividades cotidianas, atrapando al menor en un círculo de agotamiento físico y mental.
- Conductas de riesgo asociadas: el uso de sustancias anabólicas, restricciones extremas o la incorporación de prácticas de moda impulsadas en redes sociales sin ningún tipo de validación médica.
