El economista cercano al Gobierno cuestionó a quienes exigen correcciones cambiarias, defendió el esquema de flotación y lanzó una advertencia sobre el peligro de endeudarse con tasas altas.
En medio del debate cambiario generado tras la cotización del dólar mayorista que quebró la barrera de los $1.500, el economista Juan Carlos de Pablo ofreció una mirada crítica sobre las proyecciones y los diagnósticos habituales del mercado. Durante una entrevista televisiva, el especialista restó dramatismo a la evolución de la divisa y descartó de plano que un salto devaluatorio sea la solución para mejorar la competitividad de las empresas, al calificar tal pretensión como un error conceptual que ignora los costos colaterales de la economía.
De Pablo desestimó el uso de fórmulas matemáticas para calcular un «dólar de equilibrio», argumentando que se trata de un ejercicio aritmético ajeno al funcionamiento real de la economía. En esa línea, recordó que el esquema actual opera bajo flotación y que la cotización responde estrictamente al libre juego entre la oferta y la demanda privada, mientras el Banco Central aprovecha el superávit comercial para recomponer reservas. Al respecto, sentenció que «no hay techo» para la divisa y anticipó un escenario de «dólar bajo permanente» apalancado por el fuerte ingreso de divisas que proyectan sectores estratégicos como Vaca Muerta y la minería, instando al empresariado a revisar su eficiencia interna en lugar de aguardar correcciones cambiarias.
Por otra parte, el analista puso el foco en el deterioro financiero de los hogares y el incremento de la morosidad. Ante la contracción de los ingresos, recomendó adoptar una rigurosa «lógica de almacenero», priorizando el recorte de gastos por sobre el endeudamiento. Con una advertencia tajante sobre la situación de las finanzas personales, recordó que las tasas de interés asociadas a tarjetas de dinero, plásticos y canales informales se ubican entre las más elevadas del mundo, por lo que tomar deudas bajo el actual clima de incertidumbre representa un riesgo crítico para las familias.
