ARCHIVO - El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, posa para una foto de grupo con, de izquierda a derecha, el presidente de Paraguay, Santiago Peña; el de República Dominicana, Luis Abinader; el de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira; el de El Salvador, Nayib Bukele, y el de Argentina, Javier Milei, en la cumbre Shield of the Americas, en el Trump National Doral Miami, en Doral, Florida, el 7 de marzo de 2026. (AP Foto/Mark Schiefelbein, archivo)
En el marco de la Asamblea General, mandatarios de la región elogiaron el liderazgo de Estados Unidos en materia de seguridad, mientras crecen las críticas internacionales por los operativos militares y la falta de contrapesos.
En el marco de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, la nueva ola de gobiernos de derecha en América Latina ha mostrado un explícito e inédito alineamiento con la administración de Donald Trump. Durante el encuentro, el mandatario estadounidense reivindicó el uso del «poderío militar» en la región —citando su intervención en Venezuela bajo la premisa de que «al vencedor le corresponde el botín»— y recibió elogios de diversos líderes regionales que integran la coalición del «Escudo de las Américas».
Mandatarios como el paraguayo Santiago Peña, la peruana Keiko Fujimori y representantes de Chile (presidido por José Antonio Kast) y Argentina (con la defensa de la visión tecnológica de Javier Milei) convalidaron la estrategia de seguridad estadounidense centrada en la mano dura contra el narcotráfico y el crimen organizado. Esto ocurre a pesar de los cuestionamientos de organismos internacionales y relatores de la ONU, quienes advirtieron que los operativos militares en el Caribe y el Pacífico vulneran el derecho internacional y los derechos humanos.
Frente a este bloque conservador, las voces disidentes se redujeron notablemente en comparación con décadas pasadas. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, constituyó la principal contraparte regional al rechazar las «tentaciones hegemónicas» de Washington y advertir sobre la injerencia externa en los procesos electorales, marcando distancia de un pacto que busca unificar la voz de la diplomacia continental bajo los intereses de la Casa Blanca.
