Factores geopolíticos, la baja de aranceles en el país asiático y el desvío de la palma hacia biocombustibles posicionan al aceite de soja nacional en la cima del mercado internacional.
La relación comercial entre la Argentina y la India atraviesa un momento de sintonía excepcional, impulsada por un comprador que demanda enormes volúmenes de aceites vegetales y un proveedor consolidado en el liderazgo mundial. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) basado en datos del Indec, las exportaciones nacionales de aceites vegetales alcanzaron un máximo histórico de 5,5 millones de toneladas entre enero y agosto, destacándose los envíos de aceite de soja (4,1 millones) y de girasol (1,4 millones).
India explica gran parte de este hito comercial. En los primeros ocho meses del año, los envíos hacia ese destino sumaron 3,2 millones de toneladas —2,46 millones de soja y 0,75 millones de girasol—, posicionando a la Argentina como su principal abastecedor por encima de Indonesia y Malasia. Este crecimiento responde a una combinación de factores externos: los conflictos y problemas de infraestructura en la región del Mar Negro afectaron la oferta de girasol ucraniano y ruso, mientras que el gobierno indio redujo drásticamente sus aranceles de importación (del 10% al 5% para la soja y del 16,5% al 5% en girasol) para contener los precios internos.
A este escenario se suma el impacto global del aceite de palma, el más consumido del mundo, cuya disponibilidad exportable se redujo debido a políticas de biocombustibles como el mandato B50 implementado en Indonesia y las proyecciones climáticas adversas asociadas al fenómeno de El Niño. Ante una menor oferta de palma y precios más firmes, los aceites sustitutos ganaron competitividad, consolidando a la Argentina en un mercado indio altamente sensible a los precios y abierto a modificar su mix de importaciones.
