Informes privados advierten que el alto nivel de incumplimiento en tarjetas y préstamos personales frena la recuperación del financiamiento en medio de tensiones cambiarias y financieras.
En un contexto de alta morosidad, la mitad de las líneas de crédito en pesos sigue frenada y el mercado empieza a mirar con preocupación hacia adelante, advirtiendo que la previa electoral de 2027 podría traer nuevos episodios de estrés de liquidez y volatilidad de tasas, una dinámica que ya complicó la refinanciación de deudas atrasadas y contribuyó al deterioro de la cartera.
Según un relevamiento de la consultora LLZ Macro y Finanzas, el crédito en pesos volvió a crecer en términos reales por primera vez desde diciembre, aunque la mejora estuvo estrictamente concentrada en las líneas con menor morosidad, principalmente el financiamiento de corto plazo a empresas. Del otro lado, el crédito a personas todavía no logra reaccionar debido al nivel de atrasos acumulados, planteando que hasta que la mora no disminuya, la mitad del segmento en pesos seguirá paralizada.
Los datos actuales reflejan que la cartera irregular alcanza al 15,9% de los préstamos personales y al 11,7% de las tarjetas de crédito, cifras que contrastan fuertemente con los segmentos hipotecario (2,1%) o prendario (5,8%). Desde la perspectiva de las entidades, los bancos se sienten sobreexpuestos y con carteras que registran niveles de morosidad muy superiores a los deseados, limitando el rol del crédito como motor de una eventual recuperación económica frente al estancamiento de los ingresos reales.
Factores del deterioro: Del «boom crediticio» a la volatilidad de tasas
El problema comenzó a gestarse durante el período de expansión crediticia registrado entre mayo de 2024 y octubre de 2025, lapso en el cual las entidades financieras más que duplicaron el stock de préstamos en pesos. Sin embargo, gran parte de ese financiamiento se otorgó a tasas reales muy elevadas que, combinadas con la caída del empleo y el deterioro de los ingresos de la población, derivaron en una relación cuota-ingreso explosiva que empujó a millones de deudores al incumplimiento.
A este escenario se sumó la volatilidad de tasas impulsada por los cambios en el esquema monetario, lo que dificultó profundamente los procesos de refinanciación y reestructuración de deudas para quienes comenzaron a retrasarse. En paralelo, el regreso del uso de la tasa de interés como herramienta de defensa cambiaria por parte del equipo económico reaviva las tensiones en el mercado de liquidez de cara a los próximos comicios.
