A pesar de la fuerte baja de la inflación, la destrucción de puestos de trabajo en el sector privado enciende alertas políticas y exige acelerar nuevas reformas estructurales.
Mientras los logros en materia de estabilización macroeconómica se consolidan y la inflación desciende a menos del 2% mensual, el mercado de trabajo expone una realidad preocupante. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, el empleo privado registrado se redujo en 235 mil puestos de trabajo. Este marcado deterioro pone de relieve que el crecimiento económico por sí solo no basta para revertir las dificultades estructurales en un escenario de intensa reconversión productiva.
La necesidad de atender la generación de empleo de calidad se convirtió en una demanda impostergable, especialmente para evitar que el malestar social erosione el sustento político del programa económico de cara a los próximos procesos electorales.
Superadas las discusiones en torno al Congreso y con un renovado impulso en la mesa política, el desafío oficial radica en acelerar la agenda de transformaciones sin desatender las consecuencias sociales de la mayor competencia y la reducción de costos en las empresas.
Para destrabar este cuello de botella, los especialistas coinciden en que es indispensable profundizar el rumbo con una secuencia consistente de medidas. Si bien los proyectos orientados al sector financiero, el mercado de capitales y el sector asegurador apuntan a fomentar el crédito productivo, aún quedan pendientes dos pilares fundamentales: una profunda reforma impositiva que alivie la pesada carga tributaria y una sustentable reforma previsional que garantice la estabilidad fiscal a largo plazo.
