Especialistas señalan que la desinformación, el estigma social y la falta de inversión gubernamental frenan los avances médicos en la región.
A pesar de los avances globales en el tratamiento y prevención del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), América Latina atraviesa una preocupante crisis de prevención. De acuerdo con el último reporte oficial de ONUSIDA correspondiente a 2026, al menos 1,2 millones de personas adquirieron el virus en el mundo durante 2025, de las cuales 153.000 corresponden a la región, registrándose incrementos de nuevos casos superiores al 20% en países como Brasil, Costa Rica, Paraguay, Perú y Venezuela.
Especialistas del organismo internacional explican que, si bien la mortalidad retrocedió un 40% desde 2010 gracias a las terapias de alta eficacia, las nuevas infecciones aumentaron un 25% en el mismo período regional. Este escenario se ve agravado por una drástica reducción del 18% en el financiamiento internacional para la salud, que pasó de 8.800 millones de dólares en 2024 a 7.300 millones en 2025, dejando desprotegidos a programas locales que dependen del sostén externo.
A la escasez de recursos presupuestarios se suman la falta de educación sexual integral en los establecimientos educativos, el estigma social persistente y la complejidad de los flujos migratorios irregulares que tensionan los sistemas sanitarios. Ante este cuadro, los expertos coinciden en la urgencia de fortalecer la voluntad política, incrementar la inversión pública en prevención dirigida y garantizar el acceso continuo a los testeos y tratamientos.
