El trasfondo de una estrategia recurrente: la búsqueda de autonomía frente al ciclo federal.
La presentación judicial realizada por el partido Juntos Podemos ante la Cámara en lo Contencioso Administrativo marca el inicio de una coreografía política previsible, pero de alto impacto estructural para el mapa electoral tucumano. Al solicitar la inconstitucionalidad de los artículos 43 y 100 de la Constitución provincial, el oficialismo no solo intenta habilitar el adelantamiento de los comicios para mayo o junio de 2027, sino que busca blindar su proceso electoral contra la dinámica de las PASO nacionales de agosto. Esta estrategia, utilizada con éxito en 2019 y 2023, responde a la necesidad del peronismo local de evitar la «contaminación» de la agenda provincial por las tendencias políticas que se discutan a nivel federal.
El hecho de que la causa haya recaído en la Sala I de la Cámara en lo Contencioso Administrativo —tribunal que ya ha fallado a favor del adelantamiento en años anteriores bajo el argumento de la «fuerza expansiva» de sentencias previas— sugiere que el oficialismo cuenta con un camino jurídico allanado. Al sostener que las normas constitucionales actuales son «trabas insalvables» para el sistema democrático, el planteo busca reinstalar el precedente de 2018, que declaró la nulidad absoluta de la restricción temporal, eliminándola de facto del ordenamiento jurídico vernáculo.
La importancia de este movimiento trasciende la mera fecha de los comicios. Al separar las elecciones provinciales de las nacionales, el gobernador Osvaldo Jaldo busca concentrar la atención del electorado en la gestión territorial, limitando la influencia de los candidatos a presidente y la proyección de las crisis o éxitos nacionales sobre la elección de gobernador, legisladores e intendentes. Es una táctica de supervivencia política que privilegia el control del territorio frente a la volatilidad de los humores nacionales.
A mediano plazo, sin embargo, esta maniobra abre un interrogante sobre la institucionalidad de la provincia. La repetición de este mecanismo —judicializar lo que la Constitución provincial restringe— expone una fragilidad normativa: la Carta Magna redactada en 2006 se ve sistemáticamente superada por interpretaciones judiciales que priorizan la conveniencia política del oficialismo de turno. Para el ciudadano de a pie, la elección anticipada significa una campaña extendida y una fragmentación de la agenda pública, en un contexto donde Tucumán deberá decidir su futuro frente a un escenario nacional marcado por la incertidumbre económica. La judicialización no es el final, sino el punto de partida de una disputa por el poder que, como es costumbre en la provincia, se definirá más en los despachos judiciales que en los debates de una convención reformadora.
