El vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la República Argentina, Fernando Savore, trazó una dura radiografía sobre los comercios de cercanía. El impacto de la suba del 13% acumulado en lácteos, el auge de las segundas marcas y las estrategias de fraccionamiento para paliar la falta de poder adquisitivo.
El consumo en los comercios tradicionales de cercanía consolida una preocupante tendencia a la baja que enciende las señales de alarma en el sector minorista de todo el país. En un escenario caracterizado por la pérdida de poder de compra de los salarios frente a la indexación de los costos fijos del hogar, las familias transformaron radicalmente sus hábitos de abastecimiento. «El 20 es fin de mes», graficó Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la República Argentina (FARA), al describir la velocidad con la que se agota la liquidez en los hogares en este mayo de 2026. Según el dirigente, el estancamiento de las ventas es un fenómeno transversal a todas las provincias, lo que obliga a las tiendas de barrio a redoblar esfuerzos y modificar estrategias comerciales para interpretar un bolsillo cada vez más restrictivo.
El principal factor detrás del parate del consumo no radica en la falta de mercadería, sino en la erosión del salario real. Savore puntualizó que la mitad de los ingresos de una familia promedio se destina actualmente a cubrir obligaciones fijas insoslayables como los alquileres, el transporte y los servicios públicos regulados. El remanente para la canasta de alimentos se administra bajo la modalidad de «compra hormiga»: el cliente ya no realiza el abastecimiento semanal, sino que ingresa al local para adquirir exclusivamente los ingredientes esenciales de una sola comida (un paquete de fideos, un puré de tomates y un queso rallado) y se retira.
Esta dinámica impactó de lleno en la composición de la facturación de los almacenes. Los productos que aportan mayor margen de rentabilidad sufrieron un desplazamiento drástico. El sector lácteo, por ejemplo, arrastra una suba acumulada del 13% en lo que va del año 2026; si bien la leche fluida sostiene sus niveles mínimos de venta por su carácter indispensable, las categorías de valor agregado como los yogures con cereales o los postres infantiles prácticamente desaparecieron de la demanda, siendo reemplazados por alternativas genéricas o segundas y terceras marcas.
Mutación del Consumo Minorista y Estrategias de Almacén (Mayo 2026)
| Rubro / Comportamiento | Consumo en Retroceso | Sustitución y «Compra Hormiga» | Estrategia de Adaptación del Comercio |
| Lácteos y Derivados | Caída drástica en la venta de postres, yogures con cereales y quesos duros. | Se sostiene la leche fluida básica y se migra masivamente a segundas marcas. | Reducción del stock de productos premium para evitar pérdidas por vencimiento. |
| Productos Secos | Abandono de marcas líderes en alimentos procesados y enlatados. | Concentración de la demanda en harinas y pastas secas (fideos de $1.000 el medio kilo). | Compra de legumbres a granel y fraccionamiento propio en paquetes de 400 gramos. |
| Frecuencia de Compra | Desaparición de la compra planificada o el stockeo mensual. | Visita diaria al almacén para adquirir únicamente los insumos de la cena o almuerzo. | Racionalización de la oferta y exhibición de formatos más pequeños y económicos. |
La receta de la subsistencia: Desde la Federación de Almaceneros explican que la resiliencia del comercio barrial depende hoy de su capacidad de mimetizarse con la escasez del cliente: «Cuando no hay plata, no hay plata. Uno busca siempre interpretar al comprador hasta dónde puede gastar, y por eso volvemos al fraccionamiento de mercadería a granel para ofrecer precios finales más bajos», detalló Savore.
La consolidación de la «compra hormiga» y el regreso del fraccionamiento de alimentos básicos exponen la profundidad de una crisis de consumo que se libra en el mostrador. El almacén de barrio funciona una vez más como el termómetro más preciso de la economía real y como el último amortiguador social de las familias de ingresos medios y bajos. En la medida en que la recomposición de los salarios continúe marchando por detrás del ajuste de las tarifas y los servicios esenciales, el volumen de ventas de los comercios minoristas permanecerá pausado, forzando a una reconfiguración estructural de la cadena de valor alimentaria donde las primeras marcas pierden terreno de forma definitiva frente a las opciones de subsistencia.
