Tras semanas de desgaste político y paralización legislativa, el Gobierno de Javier Milei intenta un giro estratégico: blindar la agenda presidencial frente al impacto del escándalo patrimonial del jefe de Gabinete, Manuel Adorni. La Casa Rosada busca concentrar la atención pública en la desaceleración de la inflación, los indicadores macroeconómicos y una intensa agenda internacional para recuperar el terreno perdido en las encuestas.
En el corazón de Balcarce 50 admiten que el respaldo al jefe de Gabinete tuvo un costo político real, pero aseguran que el «impacto fuerte» ya fue absorbido por la figura del Presidente. Según mediciones internas —que oscilan entre los 34 puntos de imagen para Milei y apenas 14 para Adorni—, el oficialismo cree haber alcanzado un piso competitivo para encarar la polarización electoral. La consigna oficial de aquí en adelante es clara: proteger al Presidente del desgaste cotidiano que genera el expediente judicial del ministro coordinador.
El plan de «control de daños»
La hoja de ruta del oficialismo se divide en dos tiempos para mitigar los efectos del caso:
- Corto plazo: Ordenar la defensa técnica de Adorni de cara a su citación en el Senado —prevista para el 25 de junio y la posterior interpelación el 2 de julio—, mientras se busca reducir su exposición mediática para evitar que cada aparición presidencial sea interpretada como un «blindaje» personal.
- Mediano plazo: Desplazar el eje de la conversación hacia la agenda de gestión. El Gobierno apostará fuerte a los anuncios de inversión, el avance del RIGI (y su versión «super-RIGI»), y los datos positivos de la balanza comercial para reinstalar la comparación de modelos económicos frente a la oposición.
La diplomacia como escudo
Para que Milei recupere su centralidad, la Casa Rosada prepara una nueva serie de giras internacionales. El objetivo es mostrar al Presidente como un actor global, distanciado de la «agenda doméstica» atrapada en las contradicciones judiciales de su jefe de Gabinete. Esta estrategia incluye la participación del mandatario en foros liberales de primer nivel, intentando elevar el perfil presidencial por encima de las disputas locales.
Sin embargo, el riesgo persiste. Aunque el Gobierno confía en que la polarización electoral ordenará el escenario a su favor, la causa por presunto enriquecimiento ilícito sigue produciendo novedades judiciales. El oficialismo es consciente de que, mientras no existan fallos o pruebas definitivas, la permanencia de Adorni seguirá siendo un «costo lateral» que, si bien consideran gestionable hoy, podría reactivar el desgaste si la Justicia avanza con medidas de mayor peso antes de las elecciones.
