Autoridades locales descartan peligro masivo y expertos señalan que la enfermedad cuenta con tratamientos efectivos con antibióticos.
El fallecimiento de una técnica de laboratorio de 28 años en un centro de investigación sobre la peste en Shelekhov, Rusia, generó alerta sanitaria internacional y el seguimiento de cerca por parte de Estados Unidos y países de la región. Aunque su nombre no fue divulgado oficialmente, medios internacionales la identificaron como Darya Shipilova. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, expresó su preocupación ante la posibilidad de una propagación de peste neumónica, aclarando que no existen motivos para la alarma generalizada.
Por su parte, el gobernador de la región de Irkutsk, Ígor Kobzev, indicó que las causas oficiales del deceso se caratularon como una «neumonía de etiología indeterminada» y descartó la presencia de microorganismos vinculados al trabajo de la joven en sus muestras biológicas. No obstante, informes periodísticos señalaron que el incidente motivó la intervención de altos funcionarios federales de salud —como la jefa de sanidad pública Anna Popova— y que cerca de 200 personas vinculadas a los contactos estrechos fueron puestas bajo observación médica preventiva. Como consecuencia de la situación, naciones vecinas como Kazajistán, Tayikistán, Kirguistán y Uzbekistán intensificaron sus controles fronterizos y medidas de prevención sanitaria.
Especialistas en microbiología e infectología restaron probabilidades de un brote epidémico a gran escala. Expertos como Simon Clarke e Ian Jones recalcaron que, si bien la variante neumónica de Yersinia pestis se transmite de persona a persona y resulta mortal sin tratamiento, existen antibioterapia efectiva y controles de contacto rigurosos, sumado a la ausencia de condiciones socioambientales actuales que faciliten una propagación masiva similar a la de siglos pasados.
