Mientras el consumo nacional de combustibles retrocede, la plaza tucumana y el norte argentino registran un repunte apalancado por la normalización del abastecimiento y el encendido de los motores agroindustriales. El impacto del reposicionamiento de la marca estatal.
El mapa del consumo de hidrocarburos en la Argentina atraviesa un proceso de fuerte asimetría territorial. Mientras los indicadores macroeconómicos nacionales marcan una retracción sostenida —con una caída en las ventas de combustibles del 2,38% interanual en abril—, el norte del país, con la plaza tucumana como punta de lanza, comenzó a exhibir un desacople positivo. Este cambio de tendencia encuentra su anclaje en dos variables clave: la tracción de la economía real a través del sector agroindustrial y el reordenamiento del downstream logístico tras la integración comercial definitiva entre YPF y Refinor.
Para los operadores del sector, el cambio de escenario oxigenó una rentabilidad que venía golpeada por el desabastecimiento crónico y el enfriamiento de la demanda. La consolidación de Refinor bajo la arquitectura comercial de YPF permitió estabilizar la logística de distribución, blindar las entregas y licuar las asimetrías de precios que durante años habían erosionado la competitividad de la red en la región.
El motor agroindustrial tucumano
El impacto de esta estabilización es particularmente notable en los nodos de alta concentración agrícola. El gasoil, insumo crítico e inelástico para la cadena logística, el transporte de cargas y el funcionamiento de la maquinaria pesada, fue el derivado que capitalizó el repunte.
En Tucumán, provincia neurálgica para la región, las ventas de combustibles registraron un crecimiento cercano al 3% interanual durante abril. Sebastián Vargiu, presidente de la Cámara de Estaciones de Servicio de Tucumán, adjudicó este fenómeno a una convergencia estacional e industrial: «Hoy las estaciones trabajan con provisión garantizada y eso permitió recuperar operaciones que antes estaban limitadas. Además, el movimiento generado por la actividad azucarera y el adelantamiento de la zafra impulsó el consumo de gasoil y fortaleció el nivel de trabajo».
Más allá del volumen despachado en el surtidor, la normalización de la cadena de pagos y entregas le devolvió al empresariado local la capacidad de administrar inventarios y proyectar compras, un factor determinante para la supervivencia operativa en un contexto de costos fijos en alza.
La nueva identidad corporativa y la disputa por el mercado
El segundo vector del repunte se explica desde la estrategia corporativa. Tras la adquisición total de Refinor por parte de YPF en octubre de 2025, la compañía inició un agresivo proceso de reconversión bajo la insignia «Refi Plus Energía YPF», un rediseño identitario que busca expandir su cuota de mercado más allá de sus fronteras históricas en el norte.
Gustavo Seoane, vicepresidente de la Cámara Tucumana de Expendedores, detalló que el acierto táctico fundamental fue la convergencia tarifaria. Al equiparar los precios de pizarra con los de las estaciones tradicionales de YPF, Refinor recuperó el volumen de clientes perdidos. «En abril volvimos al segundo lugar en la provincia, superando a Shell. Las expectativas son muy buenas porque Refinor siempre fue una marca fuerte que competía de igual a igual con YPF. Ahora es la misma compañía, con dos marcas y el mismo producto», evaluó.
El caso testigo del NOA demuestra que, incluso en ciclos de recesión técnica a nivel nacional, la reconfiguración eficiente de la logística y la competitividad de precios son capaces de traccionar una recuperación si logran acoplarse a la demanda de las economías regionales.
