El presidente de Estados Unidos descartó la propuesta de Teherán para restablecer el tránsito comercial por la estratégica vía marítima. Irán había planteado una serie de condiciones vinculadas al bloqueo, las sanciones y el cese de las hostilidades, mientras la continuidad del conflicto mantiene la presión sobre el mercado energético.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rechazó la propuesta presentada por Irán para reabrir en un plazo de siete días el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas marítimas para el transporte internacional de energía. La iniciativa había sido planteada por el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, quien sostuvo que el restablecimiento del tránsito comercial sería posible si Washington cumplía determinadas condiciones.
Durante declaraciones realizadas este sábado ante periodistas en la Casa Blanca, Trump afirmó que Teherán busca alcanzar un acuerdo para abrir la vía marítima de inmediato porque, según su interpretación, Irán se encuentra en una situación desfavorable.
“Rechazo su acuerdo”, manifestó el mandatario estadounidense, al tiempo que aseguró que Estados Unidos ya tiene “control total” del estrecho, por donde circulan “enormes cantidades de petróleo”.
Trump agregó que está dispuesto a negociar, pero consideró que la propuesta iraní no resulta aceptable. “Quieren llegar a un acuerdo, y me parece bien. A mí también me gusta llegar a acuerdos. Pero ese acuerdo no sería aceptable”, afirmó.
La propuesta de Teherán
El planteo iraní había sido expuesto el viernes por Araghchi ante periodistas en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York. El canciller sostuvo que podría alcanzarse un acuerdo “si se cumplen las condiciones necesarias”, y señaló que esas condiciones ya estaban contempladas en un memorando de entendimiento firmado por ambos países en junio.
“Si se cumplen las condiciones necesarias, el estrecho puede reabrirse y restablecerse el paso marítimo normal en un plazo de siete días”, declaró el funcionario.
Araghchi no detalló en esa primera intervención todas las medidas que esperaba de Washington, pero afirmó que no se trataba de exigencias nuevas y que ya estaban incluidas en el memorando.
“Puedo decirles que, si la parte estadounidense se toma en serio llegar a un acuerdo y reabrir el estrecho de Ormuz, ya está todo preparado”, sostuvo. Y agregó: “La decisión está ahora en manos de EE.UU.”
El plan contemplaba además la reanudación de las conversaciones sobre el programa nuclear iraní. Según la propuesta, los primeros pasos demandarían entre cuatro y cinco días, el estrecho quedaría abierto en el sexto y el séptimo día comenzarían las negociaciones destinadas a alcanzar un acuerdo definitivo.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, también sostuvo que Teherán estaba dispuesto a avanzar sobre la base del memorando firmado en Pakistán.
“Ya habíamos llegado a un acuerdo basado en el memorando firmado en Pakistán… Si EE.UU. acepta proceder de esa manera, todo volverá a ser como antes”, declaró.
Además, Pezeshkian afirmó que Irán permitiría nuevamente el ingreso de inspectores nucleares de Naciones Unidas al país.
El memorando de junio y el fracaso del acuerdo
El memorando de entendimiento firmado entre Estados Unidos e Irán en junio tenía como objetivo establecer un alto el fuego y permitir la reapertura, al menos parcial, del estrecho de Ormuz.
El documento estaba compuesto por 14 puntos y establecía que Irán no dispondría de armas nucleares. A cambio, Estados Unidos, Irán y sus aliados debían poner fin a las operaciones militares en “todos los frentes”.
También incluía disposiciones relacionadas con el levantamiento de sanciones y el final del bloqueo naval estadounidense.
En materia de navegación, el acuerdo establecía que Irán debía adoptar las medidas necesarias para garantizar el paso seguro de los buques comerciales por el estrecho y mantener conversaciones con Omán sobre futuros acuerdos de navegación.
Sin embargo, el entendimiento terminó fracasando después de que las partes retomaran las acciones militares.
Desde entonces, Irán ha atacado embarcaciones que, según sostiene, intentaron atravesar el estrecho sin autorización. Estados Unidos, por su parte, atacó instalaciones iraníes en la zona y petroleros iraníes frente a las costas del país.
Washington también mantuvo un bloqueo de los puertos iraníes, una medida que provocó fuertes alteraciones en la economía de Irán.
Una ruta estratégica para el mercado energético
El estrecho de Ormuz constituye una vía fundamental para el transporte mundial de hidrocarburos. Por allí suele circular aproximadamente una quinta parte del suministro global de gas y petróleo, por lo que la interrupción del tránsito tiene efectos directos sobre los mercados energéticos.
La vía permanece cerrada de facto desde el comienzo de la guerra, en febrero, aunque los datos de tráfico muestran que algunas embarcaciones han logrado atravesarla.
Según información de Kpler, citada por Reuters, durante los últimos diez días una media aproximada de 18 buques diarios consiguió cruzar el estrecho, aunque en determinadas jornadas la cifra llegó a descender hasta nueve embarcaciones.
El conflicto ya produjo fuertes fluctuaciones en los precios de la energía y las consecuencias económicas aumentaron la presión sobre la administración Trump para encontrar una salida a las hostilidades.
La cuestión adquiere además una dimensión política para Washington debido a la proximidad de las elecciones legislativas de noviembre.
Trump mantiene su postura mientras crecen las amenazas
El viernes, The Wall Street Journal informó, a partir de fuentes oficiales, que Trump se mostraba escéptico respecto de la posibilidad de que Irán aceptara las condiciones estadounidenses.
El medio también señaló que el presidente habría comunicado a su equipo que consideraba probable el comienzo de una nueva campaña de bombardeos. La información sobre una eventual reanudación de los ataques también fue recogida por otros medios internacionales.
La guerra comenzó a finales de febrero con ataques de Estados Unidos e Israel. Como respuesta, Irán atacó territorio israelí, bases estadounidenses ubicadas en el Golfo y a aliados árabes de Washington en la región. También bloqueó el estrecho de Ormuz.
El conflicto se extendió además hacia otros puntos de Medio Oriente, con participación de grupos aliados de Irán.
La tensión también alcanza al mar Rojo
La situación se complicó por la intensificación de los ataques de los hutíes de Yemen, aliados de Irán, contra instalaciones petroleras saudíes.
Los hutíes incrementaron sus acciones destinadas a afectar las exportaciones de petróleo de Arabia Saudita a través del mar Rojo, ubicado al otro lado de la península arábiga respecto del estrecho de Ormuz.
Durante este mes, el grupo tomó en una ofensiva rápida amplios sectores de la costa yemení del mar Rojo considerados estratégicos. Entre ellos se encuentra el puerto de Mokha, desde donde se domina el estrecho de Bab el-Mandab, otro punto relevante para el tránsito marítimo internacional.
Este sábado, la coalición liderada por Arabia Saudita en Yemen afirmó haber interceptado dos misiles balísticos y drones lanzados por los hutíes contra territorio saudí. Medios estadounidenses informaron además que dirigentes saudíes solicitaron apoyo militar a Trump.
La escalada regional suma así nuevos focos de tensión a una crisis que ya afecta las rutas de transporte energético y genera consecuencias sobre la economía internacional.
La posición de Trump y la respuesta iraní
Trump sostuvo esta semana ante la Asamblea General de Naciones Unidas que esperaba alcanzar un acuerdo con Irán después de las elecciones de noviembre.
Durante ese discurso también admitió que contemplaba la posibilidad de “aniquilar la República Islámica” para luego reconstruirla “rápidamente”.
Araghchi respondió a esas declaraciones con una posición diametralmente opuesta y afirmó que “la paz no se puede construir mediante amenazas de aniquilación”.
Mientras Teherán sostiene que su propuesta permitiría reabrir el estrecho y recuperar el tránsito marítimo normal en siete días, Washington ya expresó su rechazo. El desacuerdo deja nuevamente en suspenso una eventual salida diplomática al conflicto y mantiene al estrecho de Ormuz como uno de los principales puntos de tensión militar y económica de la región.
