NOTICIAS ARGENTINAS BAIRES FEBRERO 19: En una sesion extensa tenida de escandalos, movilizaciones y un paro general de la CGT, el oficialismo logro esta noche aprobar en la Camara de Diputados la reforma laboral y ahora el proyecto sera remitido (NOTI
El resurgimiento de las hostilidades entre la Secretaría General de la Presidencia y el asesorismo estratégico pone en jaque la paz libertaria de 2026. Detrás de los cruces en redes sociales y las denuncias penales se esconde una disputa estructural por el control del armado bonaerense y el visado final de la gestión, en un año donde la parálisis legislativa empieza a pasar factura.
La ilusión de una conducción monolítica en La Libertad Avanza (LLA) se ha resquebrajado tras el fin de la tregua estival. Lo que comenzó como un altercado dialéctico en X entre referentes del ecosistema digital y diputados del oficialismo es, en rigor, la exteriorización de una falla tectónica en el «Triángulo de Hierro». La disputa de fondo enfrenta nuevamente a Karina Milei —arquitecta del despliegue territorial y custodia de las formas institucionales— con el esquema de Santiago Caputo, cuyo brazo de influencia digital ha pasado de la propaganda a la impugnación directa de cuadros propios.
El punto de inflexión de esta «paz armada» se sitúa a finales de febrero, coincidiendo con el recambio de piezas en el Ministerio de Justicia. La salida de Mariano Cúneo Libarona y el desembarco de figuras ligadas al esquema de Juan Bautista Mahiques alteró un ecosistema que se autopercibía en «buena salud política». Para los observadores más agudos, el conflicto actual sobre la figura de Sebastián Pareja en la provincia de Buenos Aires no es un hecho aislado: es el síntoma de una resistencia de las «fuerzas del cielo» digitales contra la profesionalización política y el cierre de listas que Karina Milei lideró con mano de hierro en 2025.
Esta interna no es gratuita para la administración. Mientras la cúpula se consume en microdisputas de poder, la dinámica de gestión muestra signos de ralentización. Proyectos de ley fundamentales se encuentran empantanados en procesos de visado interno que hoy carecen de la fluidez que aportaba Manuel Adorni desde la Jefatura de Gabinete. El rol de Adorni como «equilibrista» se ha vuelto insuficiente ante una estructura donde el Presidente opta por el salomonismo digital: repartir «likes» y réplicas a ambos bandos para evitar que la sangre llegue al río, una estrategia de contención que, a mediano plazo, erosiona la autoridad de sus principales espadas.
La variable temporal también juega su partido. En un año post-Mundial que ya respira el aire prematuro de las presidenciales de 2027, las facciones internas buscan marcar territorio. Los primos Menem intentan encapsular el conflicto como «diferencias naturales de trabajo», pero la realidad objetiva muestra un Ejecutivo que debe lidiar con denuncias penales internas y una filtración de datos que expone la vulnerabilidad de su propio esquema de seguridad política.
La consecuencia más inmediata de esta fricción es la pérdida de eficacia legislativa en un año clave para consolidar reformas económicas. Si el Gobierno no logra reeditar un pacto de no agresión —similar al pacto Ribbentrop-Mólotov que mencionan con cinismo en los pasillos de la Rosada—, el riesgo es la atomización del bloque oficialista. A diferencia de 2024, hoy la opinión pública y los sectores económicos demandan previsibilidad institucional por encima de la narrativa de «batalla cultural». El enigma para Javier Milei es si podrá seguir gobernando con un equipo que gasta la misma energía en la gestión que en el fuego amigo.
