Un informe detalla cómo el aislamiento y los comportamientos de seguridad afectan las relaciones interpersonales, y qué recomiendan los especialistas de la salud mental.
La ansiedad social es una condición que afecta hasta al 12% de las personas en algún momento de sus vidas. En el ámbito universitario, las cifras muestran que más de una quinta parte de los estudiantes británicos la padecen, vinculándose con calificaciones más bajas, relaciones deficientes y aislamiento. Para muchos jóvenes, la transición a la universidad representa un reto al tener que independizarse y buscar encajar rápidamente en nuevos círculos.
Especialistas señalan que las personas con esta condición suelen interiorizarlo como un defecto de personalidad en lugar de buscar ayuda. Entre las señales de alerta más comunes se encuentran guardar silencio, dar respuestas breves, jugar constantemente con el teléfono para evitar interactuar, o mantenerse al margen de los grupos. Factores como el uso excesivo de teléfonos inteligentes y el teletrabajo también contribuyen a generar mayores niveles de ansiedad debido a la reducción de interacciones cara a cara.
Para superar este cuadro, los expertos recomiendan dejar de centrarse obsesivamente en uno mismo, desplazar la atención hacia el entorno y la conversación, poner a prueba los miedos mediante experimentos conductuales y evitar darle vueltas excesivas a las situaciones después de que ocurren. La terapia cognitivo-conductual (TCC) se consolida como el tratamiento de referencia para replantear pensamientos y modificar gradualmente estos comportamientos.
