Entre las críticas de los trolls libertarios y el realismo político de los gobernadores, la eliminación de las PASO entra en una zona de incertidumbre parlamentaria.
En un movimiento que altera el tablero de alianzas en el Congreso, el gobernador Osvaldo Jaldo manifestó su rechazo frontal a la reforma electoral impulsada por la Casa Rosada. A pesar de haber sido el aliado peronista más estrecho de la gestión de Javier Milei, el mandatario tucumano advirtió que el Bloque Independencia no acompañará la eliminación de las PASO ni la implementación de la Boleta Única en los términos actuales. Para Jaldo, la supresión de las primarias constituye un perjuicio a la democratización de los partidos, calificando al proyecto como una pieza de ingeniería política diseñada por «el mejor sastre de Capital Federal» para beneficiar exclusivamente al oficialismo nacional. Esta postura no solo tensa la relación con el Ejecutivo, sino que expone la fragilidad de una reforma que ya cuenta con reparos del PRO y la UCR.
El trasfondo de esta negativa radica en la autonomía política y el control territorial del PJ tucumano. Jaldo comprende que las PASO operan como un mecanismo de ordenamiento interno que evita rupturas mayores; eliminarlas obligaría a los partidos a dirimir sus candidaturas en estructuras cerradas, aumentando la conflictividad. La reacción en el ecosistema digital libertario fue inmediata: desde la diputada Lilia Lemoine, quien cuestionó que el Estado deba financiar las internas partidarias, hasta cuentas como La Derecha Diario, que atacaron la coherencia del mandatario. Sin embargo, el análisis de figuras como Carlos Maslatón sugiere que el rechazo podría ser parte de una negociación abierta: un «colaboracionismo» que ahora exige mayores contraprestaciones a cambio de entregar una herramienta electoral clave.
Desde una perspectiva de estrategia nacional, Jaldo también aprovechó para marcar distancia con el kirchnerismo bonaerense. Al enfriar una posible candidatura presidencial de Axel Kicillof, recordó el historial de derrotas de los gobernadores de Buenos Aires y llamó a una reconstrucción del peronismo «de abajo hacia arriba». Esta lectura «provincialista» busca posicionar a Tucumán como un actor con peso propio en la normalización del Partido Justicialista, evitando quedar pegado a fórmulas que la sociedad ya «castigó con su voto». El gobernador apuesta a un peronismo competitivo que sintonice con una ciudadanía que, según su visión, ha madurado y exige cambios estructurales, pero sin resignar las instituciones que garantizan la participación ciudadana.
El pronunciamiento de Jaldo marca el fin de la «chequera blanca» legislativa para La Libertad Avanza, obligando al Gobierno a decidir si flexibiliza su reforma o se arriesga a una derrota parlamentaria que evidencie su debilidad en la construcción de consensos federales.
