El mandatario tucumano supera el 55% de imagen positiva en mayo, consolidando una tendencia donde lo local vence a la grieta nacional.
En un contexto de alta fragmentación política y desgaste de las figuras nacionales, los gobernadores argentinos han logrado construir un «blindaje» de imagen en sus propios distritos. Según el último relevamiento de CB Consultora Opinión Pública, realizado a inicios de mayo, Osvaldo Jaldo no solo se mantiene en los puestos de vanguardia, sino que consolida un sólido 55,1% de imagen positiva en Tucumán. Este fenómeno de aprobación territorial muestra que los mandatarios locales consiguen despegarse de la polarización que afecta a figuras como Javier Milei o Cristina Kirchner. El ranking es liderado por el neuquino Rolando Figueroa (56,1%), seguido de cerca por el puntano Claudio Poggi (55,7%), completando un podio donde Jaldo reafirma su peso político tras meses de gestión marcados por el equilibrio entre el reclamo federal y el diálogo institucional con la Casa Rosada.
El estudio, basado en más de 20.000 casos en todo el país, revela que la gestión de proximidad es hoy el activo más valioso de la política argentina. Mientras que la política nacional se debate en discusiones ideológicas, los gobernadores que encabezan el ranking son percibidos por sus ciudadanos como administradores enfocados en la realidad local. En el caso de Jaldo, superar la barrera del 55% representa un espaldarazo a su estrategia de gobernabilidad en un año económicamente complejo. La encuesta destaca que incluso aquellos mandatarios situados en la parte baja de la tabla, como Alberto Weretilneck (41,8%) o Ricardo Quintela (42,5%), mantienen niveles de aprobación que no perforan el piso del 40%, aunque presentan diferenciales negativos que advierten sobre desafíos en la gestión de sus territorios.
Un dato central del informe es la resistencia de figuras como Axel Kicillof, quien con un 43,1% de imagen positiva en la provincia de Buenos Aires, evidencia las dificultades de gestionar el distrito más populoso y castigado por la crisis. En contraste, el podio ocupado por Figueroa, Poggi y Jaldo sugiere que los electorados provinciales están premiando perfiles que logran transmitir previsibilidad y ordenamiento fiscal. Para Tucumán, la posición de Jaldo en el ranking nacional no es solo un dato estadístico, sino una herramienta de negociación política: un gobernador con alta imagen positiva tiene mayor margen de maniobra para defender los intereses de su provincia ante un Gobierno nacional que también mide sus pasos en función de las encuestas de opinión pública.
Con estos números, Osvaldo Jaldo llega a la mitad del año con un capital político robusto, consolidándose como uno de los referentes ineludibles del Norte Grande y una de las gestiones provinciales con mayor sintonía con su electorado.
