El último informe de Zuban-Córdoba revela una erosión crítica en la base de sustentación de Javier Milei. Con un 64,5% de desaprobación a la gestión y un Axel Kicillof que roza los 45 puntos de intención de voto, el escenario para 2027 comienza a configurarse bajo el signo de la «defraudación» y una demanda de giro político que alcanza a siete de cada diez argentinos.
La política argentina parece haber entrado en una fase de aceleración del desgaste. Según la última encuesta de la consultora Zuban-Córdoba, el «idilio» libertario no solo ha terminado, sino que ha dado paso a una tendencia negativa que se consolida mes a mes. El dato más impactante es el posicionamiento de Axel Kicillof: con un 44,1% de intención de voto, el gobernador bonaerense no solo lidera todas las mediciones, sino que se ubica a las puertas de una victoria en primera vuelta. El contraste es brutal frente a un Javier Milei que aparece relegado al quinto puesto en preferencias (31,4%) y carga con un rechazo («no lo votaría») que supera el 57%. La encuesta, realizada sobre 2.000 casos a nivel nacional, sugiere que el ajuste y la parálisis económica han activado un deseo de cambio de gobierno en el 71,2% de la población, un número que tradicionalmente anticipa fines de ciclo.
Lo que las cifras exponen es una crisis de expectativas. El hecho de que el 40% de los propios votantes de Milei se confiese «defraudado» es el síntoma de una desconexión entre la épica del ajuste y la realidad del bolsillo. En este vacío de representación, Kicillof emerge como el referente más sólido, no solo por su intención de voto, sino por poseer el rechazo más bajo del pelotón dirigencial (43,8%). Mientras tanto, la interna libertaria muestra una paradoja: Patricia Bullrich —quien aparece como la mejor ponderada del espacio— y Victoria Villarruel superan en imagen y proyección al propio presidente. Este desplazamiento sugiere que el establishment y el electorado de derecha ya están buscando alternativas de recambio dentro del mismo espectro ante el desgaste prematuro de la figura presidencial.
La gestión libertaria sufre especialmente en el segmento femenino, donde solo 3 de cada 10 mujeres la aprueban, y en la valoración de sus figuras centrales. La imagen negativa de funcionarios como Manuel Adorni (72% entre quienes lo conocen) y Karina Milei confirman que el círculo íntimo del poder está siendo percibido como el epicentro del problema. El peronismo, como marca, vuelve a liderar las preferencias con un 28% frente al 22% de los libertarios, dejando al PRO y a la izquierda en una marginalidad del 5%. Si gobernar es gestionar expectativas, el Gobierno nacional está fallando en la tarea básica de sostener la esperanza de quienes lo llevaron al poder.
La encuesta de Zuban-Córdoba es una señal de alarma para la Casa Rosada. En el laboratorio electoral de 2026, el «cambio» ya no es una consigna libertaria, sino un reclamo mayoritario que hoy tiene nombre y apellido en la vereda de enfrente.
