Un relevamiento de la Cámara de Comercio de la Capital advierte que el 64% de los locales sufrió caídas en sus ventas durante el primer cuatrimestre de 2026. Con costos fijos en alza y una rentabilidad que roza el cero, el sector enfrenta el desafío de digitalizarse para no desaparecer.
El microcentro tucumano, históricamente el corazón latente de la economía provincial, hoy late con dificultad. Los datos preliminares de la Cámara de Comercio de San Miguel de Tucumán (CCSMT) son una radiografía del desánimo: casi dos tercios de los comerciantes reportaron menos ventas que el año pasado y un abrumador 78% admite que su rentabilidad es «baja o nula». No se trata solo de una percepción; es una crisis de sostenibilidad. La combinación de un consumo retraído por la pérdida del poder adquisitivo y una estructura de costos operativos —alquileres, servicios y salarios— que no da tregua, ha puesto a los negocios locales en una encrucijada de supervivencia. Mientras el efectivo desaparece y las billeteras virtuales ganan terreno, el comercio tradicional se choca con una barrera propia: la falta de infraestructura digital para competir en el mercado moderno.
El informe que se presentará formalmente este lunes 12 de mayo pone números a una realidad que se percibe al caminar las peatonales. El 71,4% de los encuestados confesó tener serias dificultades para cubrir sus gastos básicos, lo que sitúa al sector en una posición de extrema vulnerabilidad. La rentabilidad se ha vuelto una quimera; cuando la ganancia desaparece, la capacidad de reponer stock o reinvertir se anula, iniciando un círculo vicioso de desabastecimiento y cierre. A esto se suma un cambio de paradigma en el mostrador: el 85,7% de las transacciones ya son electrónicas, un salto tecnológico empujado por la necesidad que, sin embargo, no termina de integrar al comerciante al mundo del e-commerce.
Aquí reside una de las mayores debilidades detectadas: más de la mitad de los comercios tucumanos carece de una plataforma de venta online. En plena era de eventos masivos como el Hot Sale, los locales de la provincia quedan como espectadores de un negocio que se llevan las grandes cadenas nacionales con logística aceitada. La CCSMT ha identificado este punto como crítico y planea volcar sus esfuerzos en la profesionalización digital y en la creación de «compras asociativas» para bajar costos. La idea es que, si el consumo no sube por vías naturales, la eficiencia operativa y la apertura de nuevos canales de venta sean la tabla de salvación para evitar que las persianas sigan bajando.
El comercio tucumano está en modo supervivencia. Los datos del primer cuatrimestre son un llamado de atención urgente para las autoridades y para el propio sector, que debe acelerar su transformación si quiere seguir siendo el principal motor de empleo en la capital.
