La feroz interna digital entre Santiago Caputo y Martín Menem obligó a Javier Milei a actuar como árbitro para preservar el «Triángulo de Hierro». En paralelo, el rechazo del PRO y de los gobernadores a eliminar las PASO traba los planes políticos del oficialismo, mientras Patricia Bullrich desafía el armado judicial de Karina Milei.
La gestión de La Libertad Avanza atravesó una de sus semanas más irritantes en lo que va de mayo de 2026, navegando en un espeso fango donde el internismo feroz convive con los primeros límites severos de la realidad parlamentaria. El presidente Javier Milei debió calzarse el traje de árbitro de urgencia para contener las esquirlas de la batalla digital que enfrentó a su «hermano» del alma, el asesor Santiago Caputo, con el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem. Para desarticular una crisis que amenazaba con dinamitar la alianza con su hermana Karina, el mandatario validó una teoría conspirativa de «zancadilla digital» aportada por el aparato de propaganda oficial, repartió gestos de distensión y buscó archivar el conflicto. Sin embargo, la calma es ficticia: el internismo recrudeció en las segundas líneas libertarias y ya impacta de lleno en la parálisis de la reforma política y en las negociaciones estratégicas con Mauricio Macri.
El cortocircuito por las cuentas apócrifas en la red social X destapó una discusión mucho más profunda respecto a la arquitectura electoral hacia 2027. Mientras el ala de los Menem y Karina Milei presiona para estructurar el sello propio en cada provincia con el objetivo de disputar las gobernaciones, Caputo promueve pactar de forma pragmática con los mandatarios provinciales aliados para asegurar la reelección presidencial. Esta falta de sintonía fina ya tiene costos en el Congreso: los gobernadores de la oposición dialoguista y el PRO vaciaron de apoyos el proyecto oficialista para derogar las PASO. Sin incentivos concretos y bajo la amenaza de que los candidatos libertarios les dividan el voto de centroderecha en sus terruños dándole ventaja al peronismo, los caciques provinciales congelaron la ingeniería política que la Casa Rosada consideraba prioritaria.
En paralelo al freno legislativo, el Gobierno lidia con frentes de desgaste interno y desafíos directos a su autoridad:
- El factor Manuel Adorni: A dos semanas del anuncio presidencial, el jefe de Gabinete estira la presentación de su declaración jurada patrimonial ante la Oficina Anticorrupción hasta finales de mayo o principios de junio. En Balcarce 50 ya se habla de una «segunda herencia» (esta vez de su abuela) para justificar los fondos en efectivo y blindar al ministro coordinador ante eventuales citaciones judiciales en Comodoro Py.
- La rebelión de Bullrich: La ministra de Seguridad avanzó con su propia presentación patrimonial para exponer la demora de Adorni y, en un gesto de mayor audacia política, bloqueó en la Comisión de Acuerdos del Senado las firmas para los pliegos de los jueces Catania y Greenway, impulsados por el Ministerio de Justicia que comanda el esquema de Karina Milei y Juan Bautista Mahiques. Bullrich asocia esos nombres al presidente de la AFA, Claudio «Chiqui» Tapia, forzando al viceministro Santiago Viola a operar a contrarreloj para torcer el voto de los senadores libertarios.
- La amenaza de Mauricio Macri: El expresidente capitaliza el malestar del PRO ante el destrato libertario en la Ciudad de Buenos Aires y amaga con una postulación nacional para 2027. El macrismo juega con la opción de dividir la oferta electoral del espacio no peronista, dinamitando la estrategia de Milei de ganar en primera vuelta. «No entendemos por qué juegan a mearnos», protestan en el entorno del exmandatario.
El próximo lunes 25 de mayo, en la conmemoración de la gesta patria, los protagonistas de este entramado —Caputo, Menem, Adorni y Bullrich— volverán a verse las caras en la reunión de Gabinete de la Casa Rosada. La viabilidad del programa de shock económico y las reformas de fondo dependen de que los actores más influyentes del oficialismo logren camuflar sus ambiciones personales. En el entorno presidencial admiten que el barro de la política tradicional aburre al mandatario; el desafío de su entorno será demostrar que pueden conservar el poder sin que la estantería interna se desplome antes de tiempo.
Los tres focos de conflicto en el tablero oficialista
- Frente de Gobierno: Paz armada entre Santiago Caputo y Martín Menem tras la polémica de la cuenta anónima Rufus. Coexisten dos visiones opuestas sobre cómo armar las listas electorales en las provincias.
- Frente Patrimonial: Manuel Adorni posterga su declaración jurada. El oficialismo prepara el argumento de una herencia familiar para justificar el dinero en efectivo del jefe de Gabinete.
- Frente de Alianza (PRO): Bullrich frena pliegos judiciales de la Casa Rosada en el Senado y el macrismo advierte que, si LLA los desafía en Capital, Mauricio Macri competirá en las presidenciales para romper la primera vuelta.
