El programa financiero presentado por el Ejecutivo despejó la incertidumbre sobre los vencimientos de deuda para los próximos dos años. Sin embargo, la sostenibilidad del plan depende de que la incipiente recuperación económica se generalice antes de que el calendario electoral condicione las expectativas de consumo e inversión.
Un alivio financiero en el corto plazo
El Gobierno logró disipar las dudas que inquietaban al mercado al presentar una hoja de ruta clara para afrontar los vencimientos de deuda hasta 2027. Esta señal fue recibida con optimismo: el riesgo país rozó los 400 puntos (su mínimo en ocho años) y el Merval en dólares registró subas significativas.
No obstante, la hoja de ruta es exigente. Para 2027, el Tesoro enfrenta vencimientos por u$s24.900 millones. El éxito de este esquema requiere que el Banco Central continúe acumulando divisas para abastecer al Tesoro y cumplir con las metas del FMI. Cálculos privados estiman que la autoridad monetaria debería adquirir cerca de u$s11.000 millones el próximo año, un desafío considerable en un contexto donde el clima electoral suele incentivar la dolarización de carteras.
El reto del frente externo
A pesar del optimismo local, el escenario internacional presenta desafíos crecientes:
- Volatilidad: Una posible alza de tasas por parte de la Fed, sumada a las tensiones geopolíticas y la fluctuación de los precios de los commodities, podría restringir el ingreso de divisas.
- Acceso al crédito: Aunque una mayor compresión del riesgo país podría reabrir el mercado voluntario de deuda, el costo de financiamiento actual sigue siendo elevado para los estándares internacionales.
La economía real: un rebote dispar y con «dos velocidades»
Tendido el puente financiero, la prioridad del equipo económico es lograr que la economía real cruce hacia una recuperación consistente. Si bien los datos de mayo y junio muestran el fin del retroceso de abril, la recuperación es altamente desigual:
- El motor energético: El segmento de Vaca Muerta acumula una expansión del 27% desde fines de 2023, consolidándose como el principal generador de superávit comercial.
- El «efecto sándwich» industrial: Por el contrario, la manufactura sigue un 4,2% por debajo de noviembre de 2023. Las empresas enfrentan costos energéticos en dólares significativamente más altos y una demanda interna que aún no termina de traccionar.
Inflación a la baja, pero crédito «planchado»
La desinflación es la noticia más positiva del trimestre, con proyecciones del REM que ubican el IPC anual cerca del 30% para 2026. A pesar de esto, el consumo privado aún enfrenta frenos importantes:
- Ingresos: Si bien los salarios formales comenzaron a recuperar terreno, el ingreso disponible sigue un 2,7% por debajo del nivel de noviembre de 2023.
- Morosidad: Los altos niveles de deuda impaga, especialmente en los segmentos jóvenes (donde la morosidad trepó al 24,3%), mantienen al sistema crediticio estancado, limitando el impulso al consumo y a la construcción.
El diagnóstico es claro: el Gobierno evitó el abismo financiero electoral, pero la verdadera prueba será demostrar que la estabilidad macroeconómica puede transformarse en una reactivación inclusiva, superando la lógica de «serrucho» que ha caracterizado a la actividad económica hasta el momento.
