Los informes de EconViews, FMyA y F2 coinciden en que el endurecimiento global de las tasas de interés y el cierre del estrecho de Ormuz presionarán sobre el mercado local. Advierten sobre las falencias del esquema monetario del BCRA y el inicio de coberturas ante la cercanía del año electoral.
La pax cambiaria que vive la City porteña ingresó en una ventana de evaluación crítica. Las principales consultoras económicas del mercado local comenzaron a proyectar un inevitable rebote del dólar para el segundo semestre de 2026, impulsado por un combo de pesimismo macroeconómico global y tensiones en el diseño monetario del Banco Central. El fracaso de la cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping para reabrir el estratégico Estrecho de Ormuz disparó el petróleo un 8% (asentándolo por encima de los USD 100 el barril) y aceleró la inflación en los Estados Unidos. Este escenario global coincide con el debut de Kevin Warsh al frente de la Reserva Federal (Fed), donde se descuenta una suba de tasas que ya actúa como una «esponja» de divisas, elevando el rendimiento de los bonos del Tesoro norteamericano al 4,6% y castigando a las monedas emergentes de la región.
En el plano doméstico, los informes privados ponen la lupa sobre la sustentabilidad del tipo de cambio real. La consultora EconViews, dirigida por Miguel Kiguel, desnudó las falencias de las proyecciones del BCRA plasmadas en su último Informe de Política Monetaria (IPOM). Según el análisis, el modelo oficial preveía una remonetización (recuperación de la demanda de pesos) tras las elecciones que finalmente no ocurrió; por el contrario, la demanda de dinero cayó. Para Kiguel, el Gobierno está utilizando el tipo de cambio y el estancamiento de los salarios como la verdadera ancla inflacionaria, una estrategia de «atraso» cuya fragilidad es conocida por el mercado. Desde la consultora sugieren que, para coordinar expectativas y evitar una corrección brusca, el Central debería abandonar la opacidad de sus metas cuantitativas y empezar a utilizar formalmente la tasa de interés como guía operativa.
Por su parte, FMyA (de Fernando Marull) y F2 (de Andrés Reschini) coinciden en que el viento de cola de los commodities altos beneficia fiscalmente a la Argentina, pero advierten que la actual apreciación del peso frente a las devaluaciones de los países vecinos tiene fecha de vencimiento. Marull proyecta una menor oferta de divisas por parte del agro para la segunda mitad del año, sumada a una mayor demanda de importadores y ahorristas que buscarán desarmar posiciones en pesos tras las abultadas ganancias del carry trade en la primera mitad del año. Asimismo, Reschini destaca que el mercado de futuros ya comenzó a «abrir el paraguas» y a demandar cobertura cambiaria, no por un escenario de estrés inmediato, sino como un posicionamiento defensivo ante el calendario electoral de 2027 y el impacto de la cancelación de dos tercios del tramo activado del swap con China.
A pesar de que el BCRA sostiene un ritmo firme de compras de reservas (acumulando USD 600 millones en la última semana) y la inflación de abril cerró en 2,6%, los operadores financieros miran de reojo el mediano plazo. En un mundo con energía cara y dólares volviendo a Washington, la City empieza a descontar que sostener el esquema de apreciación sin metas monetarias claras será el desafío más complejo del Palacio de Hacienda en la segunda mitad del año.
