Costos de transporte y dinámicas de comercialización explican las severas diferencias que enfrentan las familias en sus compras cotidianas.
Adquirir una cesta idéntica de bienes cotidianos en Argentina supone desembolsos muy desiguales de acuerdo con la ubicación geográfica del hogar. La distancia respectiva a las zonas productivas, el valor de la logística de transporte y la estructura comercial local generan brechas notorias en el valor final que abonan los consumidores en las góndolas.
Según un relevamiento del INDEC sobre catorce productos representativos de consumo masivo en seis regiones, el Noreste argentino se posicionó como la zona más económica para realizar la compra total, requiriendo un desembolso promedio de $44.080. En el extremo opuesto se ubica la Patagonia, donde el mismo conjunto de bienes escala a los $57.094 —un 29,5% más costoso—, registrando las cifras más elevadas en trece de los catorce artículos analizados. En zonas como el Noroeste y Cuyo, los valores totales se sitúan en franjas intermedias cercanas a los $45.000.
Las mayores disparidades porcentuales se encuentran en productos puntuales como el detergente líquido —con una brecha entre la Patagonia y el Gran Buenos Aires que supera el 120%— y el pan francés, cuyo precio por kilo registra diferencias superiores al 90% entre la región metropolitana y el Noreste. Otros bienes como el aceite de girasol, la lavandina o el pollo muestran dispersiones más moderadas, evidenciando que el impacto final en el presupuesto familiar continúa condicionado por las asimetrías distributivas del país.
