La interna del peronismo bonaerense sumó un nuevo capítulo de contradicciones con la reciente embestida de Mario Ishii contra el gobernador Axel Kicillof. El senador provincial y exintendente de José C. Paz, quien hace meses juraba «bancar al gobernador hasta la muerte» mientras denunciaba el accionar de La Cámpora, ha virado su discurso para cuestionar duramente la gestión provincial. Lejos de la coherencia, su postura actual se ha convertido en una pieza funcional a los sectores que, dentro del propio peronismo, buscan limitar el poder y la proyección del mandatario bonaerense.
La intervención de Ishii durante la última sesión del Senado provincial no fue un hecho aislado. Bajo el argumento de la emergencia alimentaria y sanitaria en el Conurbano, el dirigente paceño logró exponer las fisuras del oficialismo, transformándose en una voz que, aunque se reclama «territorial», termina alimentando el mismo fuego que encendieron quienes durante años intentaron asfixiar la gestión de Kicillof.
El viraje de un histórico del Conurbano
El recorrido de Ishii está marcado por una paradoja política. Hasta hace poco, su agenda estaba centrada en enfrentar a La Cámpora y a Máximo Kirchner, a quienes acusaba de «asfixiar» al gobernador tal como lo hicieron con la administración de Alberto Fernández. En sus propias palabras, la conducción camporista era el enemigo a batir para garantizar la autonomía de los intendentes.
Sin embargo, en el tablero actual, las críticas de Ishii a Kicillof coinciden llamativamente con la ofensiva de aquellos sectores a los que él mismo solía denunciar. El exintendente ha pasado de ser un defensor de la autonomía provincial a convertirse en un agente de presión que, al cuestionar la falta de respuestas en los hospitales y la urgencia de los proyectos legislativos, coloca a Kicillof en una situación de debilidad ante sus propios aliados.
Una interna que no descansa
Desde el entorno del gobernador observan este movimiento con creciente preocupación. La lectura en Balcarce 50 es clara: el ataque de Ishii no es solo un reclamo por la situación social, sino una jugada de posicionamiento en medio de una feroz disputa por el liderazgo del peronismo después de la derrota electoral.
La estrategia detrás de esta «incomodidad» política es evidente:
- Desgaste del liderazgo: Al reclamar recorridas en el territorio y cuestionar la gestión de la emergencia, Ishii obliga al gobernador a defenderse en frentes que antes consideraba bajo control.
- Funcionalidad al kirchnerismo: Aunque el senador sostiene sus críticas históricas, sus movimientos actuales fortalecen la agenda de aquellos que intentan condicionar a Kicillof, obligándolo a negociar con múltiples sectores.
- La crisis de los aliados: El hecho de que un dirigente con el peso territorial de Ishii opte por la crítica pública en lugar de la coordinación interna es la señal más clara de que la conducción de Kicillof sobre el Conurbano enfrenta una prueba de fuego.
El costo de las contradicciones
Ishii, que construyó su trayectoria defendiendo la autonomía territorial, hoy se encuentra en un lugar de difícil explicación. Su ataque al gobernador, al que antes consideraba la reserva estratégica del peronismo, revela que para algunos referentes, la lealtad partidaria es un concepto maleable que se ajusta según la conveniencia del momento.
Mientras el Conurbano enfrenta un escenario económico complejo, la interna peronista parece priorizar los movimientos de piezas por sobre las soluciones de fondo. Mario Ishii, al pasar de ser un crítico de La Cámpora a protagonista del desgaste contra Kicillof, ha dejado en evidencia que, en la actual arquitectura del peronismo bonaerense, las viejas enemistades se olvidan rápido cuando el objetivo es marcar los límites del poder.
