Paraguay atraviesa un periodo de bonanza envidiable en el contexto regional. Con un crecimiento promedio del 5,5% anual en los últimos tres años, el país ha logrado reducir la pobreza y estabilizar sus indicadores macroeconómicos. Sin embargo, tras el optimismo de los números, persiste un desafío estructural: convertir ese auge en bienestar compartido para una población que, en su mayoría, aún percibe una brecha de desigualdad difícil de cerrar.
El «momento dulce» de Paraguay no es casualidad. Respaldado por el reconocimiento de agencias calificadoras que le han otorgado el grado de inversión, el país se perfila como un polo de estabilidad en el corazón de Sudamérica. Pero, ¿qué motores explotan realmente este despegue?
Los pilares del despegue
El modelo paraguayo se sostiene sobre una base sólida que combina recursos naturales, disciplina fiscal y visión estratégica:
- Energía renovable y barata: Gracias a las represas de Itaipú y Yacyretá, Paraguay es el mayor exportador de electricidad limpia per cápita. Este activo se ha convertido en su principal baza geopolítica, atrayendo inversiones en centros de datos, Inteligencia Artificial y manufactura tecnológica.
- Motor agrícola: La agricultura sigue siendo el corazón del país. Tras superar la crisis por sequías de 2022, el sector se ha diversificado hacia la ganadería de alta calidad, el mercado de porcinos y una pujante industria forestal, con una fuerte apuesta por expandir sus destinos de exportación más allá de los socios tradicionales.
- Inversión Extranjera Directa (IED): La estabilidad política frente a sus vecinos ha convertido a Paraguay en un refugio para el capital internacional. Proyectos de infraestructura privada, como la planta de celulosa de Paracel (con una inversión superior a los US$4.000 millones), están transformando la matriz productiva y laboral del país.
- Presión fiscal competitiva: Con una tasa fija del 10% en impuestos corporativos, sobre la renta e IVA, Paraguay posee una de las cargas impositivas más bajas de la región, lo que lo hace sumamente atractivo para los inversores.
- Corazón logístico de Sudamérica: El ambicioso Corredor Bioceánico y las mejoras en la hidrovía Paraguay-Paraná están reduciendo costos logísticos y tiempos de tránsito hacia Asia, consolidando al país como un hub estratégico para el comercio internacional.
La deuda social: el gran desafío
A pesar de la reducción de la pobreza extrema al 2,4%, el modelo enfrenta críticas por la calidad del empleo y la desigualdad. Con cerca del 60% de la fuerza laboral en la informalidad y un coeficiente de Gini que refleja una de las distribuciones de ingresos más inequitativas de América Latina, la pregunta que persiste es: ¿cuándo llegará el derrame?
Para los expertos, el gobierno de Santiago Peña tiene ante sí una etapa de transición. El crecimiento acelerado de los últimos años dará paso a una fase de mayor estabilidad. El éxito de esta nueva etapa no se medirá solo en el PBI, sino en la capacidad del Estado para transformar esa confianza inversora en una mejora real en la salud, la educación y la seguridad social de sus ciudadanos.
En definitiva, Paraguay ha demostrado que puede crecer. El reto de los próximos años será demostrar que puede distribuir ese éxito para que el «milagro» deje de ser solo una estadística financiera y se convierta en una realidad cotidiana para toda su población.
