Desde su rol en la campaña de Milei hasta su paso por Brasil y Bolivia, el perfil de quien pretendió ser el «Magnetto de la derecha» termina marcado por el escándalo y la justicia.
La detención de Fernando Cerimedo en Bolivia bajo cargos de tentativa de femicidio y enriquecimiento ilícito supone una suerte de principio de revelación sobre los caminos de la extrema derecha regional. El fundador de La Derecha Diario y otrora estratega digital del presidente Javier Milei quedó en el centro de una investigación que destapa un submundo caracterizado por la violencia, la manipulación informativa y electoral, la difusión de noticias falsas de contenido golpista, el flujo oscuro de dinero público y, sobre todo, una red de contactos destinada a extender su influencia por todo el continente.
El personaje ha funcionado como una pieza clave de una red transnacional de operadores, medios, tecnología política y desinformación que ayudó a construir el ecosistema de las nuevas derechas latinoamericanas. Tras el ataque a balazos sufrido por su expareja, Nadia Beller, en Santa Cruz de la Sierra, Cerimedo fue arrestado en el aeropuerto de Viru Viru cuando intentaba regresar a Buenos Aires, quedando bajo prisión preventiva ante el riesgo de fuga.
Desde su internación, Beller no solo denunció a Cerimedo como el instigador del atentado, sino que también expuso episodios de violencia de género, el manejo de importantes sumas de dinero en efectivo y su cercanía como asesor personal del presidente boliviano Rodrigo Paz. La caída del consultor impacta directamente en el oficialismo argentino, que desde mediados de 2024 ha buscado tomar distancia del operador en un contexto de vulnerabilidad por la gestión económica y la debilidad en las encuestas, aunque el escándalo vuelve a poner en foco la historia de sus vínculos con el entorno libertario.
La trayectoria de Cerimedo ha estado marcada por constantes sospechas y controversias. En Argentina, ya contaba con un antecedente judicial por una estafa inmobiliaria en 2016. A nivel regional, su rol fue fundamental tanto en la campaña de Milei como en las operaciones del bolsonarismo en Brasil, donde fue señalado por la justicia por su papel en la desinformación vinculada al intento de golpe de Estado de 2023. Su modus operandi, que incluye el uso de granjas de troles y la creación de medios digitales orientados a la confrontación, ha sido una constante que pretendió replicar en otros países como Chile y México, consolidando un método que ahora parece haber llegado a un punto de quiebre definitivo.
