El impacto de la política económica actual arroja cifras alarmantes para el sector pyme. Desde noviembre de 2023, la Argentina ha perdido 26.448 empresas empleadoras, un dato que no solo revela una contracción sostenida, sino que marca a las pequeñas y medianas empresas como las principales víctimas de este proceso: el 98% de las firmas dadas de baja pertenecen a este segmento.
El informe, basado en datos del Sistema de Riesgos del Trabajo (SRT), grafica una situación de «caída libre». Solo en el primer trimestre de 2026, el país perdió 3.840 compañías, con un marzo particularmente crítico que registró más de 2.000 bajas.
¿Quiénes son los más afectados?
El desguace empresarial es transversal, pero se concentra en la base de la pirámide:
- Micro y pequeñas empresas: El 67% de las empresas cerradas tenía apenas un empleado, y el 13% tenía dos.
- El peso pyme: Casi la totalidad (98%) de las bajas corresponden al sector pyme, desmintiendo la idea de que la crisis afecta solo a grandes estructuras.
- Concursos preventivos: Los procesos concursales se dispararon: en los primeros cuatro meses de 2026 se abrieron 92, en camino a superar el récord de 190 concursos preventivos registrado en 2025.
Un cóctel «muy difícil de soportar»
Economistas como Guido Zack (Fundar) identifican una tormenta perfecta que asfixia a la producción local: costos en dólares elevados por un tipo de cambio bajo, presión tributaria sin reformas profundas, altos costos logísticos y una apertura importadora que compite contra productos extranjeros subsidiados (especialmente de China).
Desde el sector industrial, la sensación es de desamparo. Daniel Rosato (IPA) sostiene que no existe el «derrame» prometido por el oficialismo: «En Añelo hay gente desocupada, y en San Juan lo que compra la minería se está importando». Incluso proyectos amparados por el RIGI han optado por traer suministros desde el exterior, dejando a la industria local trabajando a media capacidad.
Luces y sombras: el mito del derrame
El PBI mostró un crecimiento del 2,3% en el primer trimestre, impulsado fundamentalmente por el sector de Minas y Canteras (Vaca Muerta y minería). Sin embargo, los datos confirman una «recuperación de dos velocidades»: mientras los sectores extractivos y exportadores de materias primas muestran dinamismo, la industria textil, metalmecánica y de la construcción sigue atrapada en niveles muy inferiores a los de 2022.
El debate está planteado: mientras desde el Gobierno se prioriza el shock externo y la desregulación, la realidad pyme advierte que el proceso de «reconversión» económica está dejando a miles de trabajadores y pequeños productores fuera del sistema, en un escenario donde la infraestructura y las políticas públicas parecen no estar a la altura de la magnitud de la crisis.
