En política, los éxitos electorales no garantizan estabilidad ni liderazgos eternos. Aunque formalmente Karina Milei entregó el sello de La Libertad Avanza (LLA) a Lisandro Catalán, el terreno se ha vuelto movedizo. Con el electoralismo de 2027 asomando tras el Mundial, el oficialismo nacional atraviesa semanas de alto voltaje que repercuten directamente en Tucumán, donde la conducción de Catalán es desafiada abiertamente por el radical Mariano Campero.
La jugada es audaz y tiene el sello de Patricia Bullrich. La ex ministra de Seguridad ha comenzado a ensayar un armado propio, viendo en el escándalo de Manuel Adorni la rendija perfecta para plantar bandera. Mientras Campero se exhibe junto a «El Jefe» y apunta a consolidar una figura opositora fuerte —jugando incluso con la idea de una fórmula propia—, Catalán se ve obligado a intensificar su presencia territorial. Su reciente demostración de fuerza en Concepción, tierra radical, fue un intento claro de blindar su lugar ante el aval que el propio Javier Milei le dio vía redes sociales.
Sin embargo, el mileísmo local vive una guerra de guerrillas. Catalán intenta sumar apoyos en un «álbum» de opositores huérfanos, incorporando dirigentes de diversos sectores, desde el PRO hasta ex integrantes de Fuerza Republicana. La gran pregunta es si habrá lugar para todos en una estrategia que, por ahora, descarta los acoples, esa herramienta que históricamente ha sido la clave del juego político provincial.
El peronismo, entre el blindaje y los fantasmas
En la vereda de enfrente, el peronismo ha tenido que ensayar un veloz control de daños. Episodios internos, como el intento de relevo en las apoderadas del Partido Justicialista y las tensiones en torno al vicegobernador Miguel Acevedo, encendieron alarmas innecesarias. Osvaldo Jaldo, consciente de que la unidad es su activo más preciado, tuvo que exagerar gestos de cohesión y ratificar públicamente que buscará repetir la fórmula con Acevedo en 2027.
La señal fue clara: el Gobierno no está dispuesto a regalar una fractura visible. Con la fecha electoral en el horizonte —el 16 de mayo de 2027—, Jaldo busca cerrar filas para evitar que la fragmentación que acecha a la oposición se contagie a sus propias filas. No obstante, los movimientos subterráneos de Juan Manzur y Pablo Yedlin continúan, recordando que el peronismo tucumano siempre tiene múltiples partidas jugándose en simultáneo.
El mapa político ha quedado dibujado con precisión esta semana. Por un lado, un oficialismo provincial que busca blindar su unidad mediante un acuerdo de cúpula; por el otro, una oposición en plena ebullición, donde la lucha no es solo contra el PJ, sino por ver quién se queda con la «figurita» de Milei en su álbum electoral. Quedan muchos meses por delante, pero la carrera hacia la sucesión ya tiene sus cartas sobre la mesa.
