La morosidad en el sistema financiero refleja el deterioro del poder adquisitivo: el 12,7% de las familias presenta incumplimientos, dejando a cerca de 5,8 millones de personas fuera del mercado crediticio. Mientras los bancos advierten que la mora en los hogares podría haber encontrado un techo, la situación en las empresas pequeñas sigue agravándose, impulsada por la volatilidad de las tasas y la caída de los salarios reales.
La fragilidad económica que atraviesan los hogares argentinos ha dejado una huella profunda en el sistema financiero. Según datos recientes, la morosidad de las familias alcanzó al 12,7% en mayo, un escenario que ha excluido a cerca de 5,8 millones de personas del acceso a nuevos créditos. La consultora 1816 advierte que, debido a esta situación, el financiamiento a los hogares difícilmente actúe como el motor de actividad económica que fue en periodos anteriores.
El diagnóstico de los especialistas es claro: el problema no reside en la falta de educación financiera, sino en la pérdida del poder adquisitivo. Las cuotas de los préstamos han quedado en competencia directa con los gastos básicos como servicios públicos, alquileres y prepagas, cuyos aumentos han superado significativamente a la inflación. En este contexto, el segmento de menores de 35 años es el más golpeado, con casi un 40% de irregularidad en sus préstamos, agravado por el fenómeno del juego y las apuestas deportivas.
La brecha entre familias y empresas
Aunque los niveles de impago en las familias muestran signos de haber encontrado un techo —ayudados por el cobro del aguinaldo y la gestión de cuentas sueldo—, la situación en el sector empresario es distinta. Si bien la morosidad corporativa general se ubica en el 3,5%, el foco de preocupación son las pequeñas y medianas empresas (pymes).
- Heterogeneidad sectorial: A diferencia de las grandes corporaciones, las pymes han mostrado una mayor dificultad para adaptarse a las tasas reales positivas que el mercado adoptó para combatir la crisis.
- Gestión ineficiente: Según referentes del sector bancario, muchas pymes carecen de la robustez financiera necesaria para sortear contextos de altas tasas y caída de demanda, lo que provoca que su nivel de mora continúe en ascenso.
- Balance del impacto: Si bien el volumen de deuda de las pymes es menor y no compromete la estabilidad total de los bancos, su situación actual es la que más preocupa por la falta de un «techo» claro en su tendencia de incumplimiento.
Estrategias de salvataje
Ante este panorama, la banca pública ha lanzado líneas específicas para evitar que el sobreendeudamiento se convierta en una exclusión permanente. Entidades como el Banco Nación y el Banco Provincia han puesto a disposición programas de refinanciación con tasas subsidiadas y plazos extendidos de hasta 72 cuotas. El objetivo es claro: permitir que las familias y pequeños comerciantes regularicen sus pasivos y recuperen su condición de sujetos de crédito, en un mercado donde la reactivación crediticia se perfila como un proceso lento y condicionado al comportamiento de los ingresos reales.
