Con el respaldo de la firma Cabrales y el impulso estratégico del IDEP, la provincia busca transformar el pedemonte en el primer polo cafetalero de Argentina, apostando a la sustitución de importaciones y al mercado de especialidad.
Tucumán ha iniciado una transición productiva que podría marcar un hito histórico para la agroindustria argentina: la consolidación del primer café con denominación de origen nacional. Lo que comenzó como una serie de ensayos experimentales en el sotobosque del pedemonte, hoy cuenta con el respaldo institucional del Gobierno provincial y la alianza estratégica de Cabrales S.A. Esta apuesta no solo busca diversificar una matriz históricamente ligada al azúcar y el limón, sino también atacar un déficit estructural del mercado interno: actualmente, Argentina importa la totalidad del café que consume. Al aprovechar las condiciones bioclimáticas únicas de la yunga tucumana, el proyecto se posiciona como una herramienta de vanguardia para la generación de divisas y empleo calificado en áreas previamente inexplotadas.
El trasfondo técnico de esta iniciativa radica en la capacidad de resiliencia y adaptación de las variedades implantadas en las zonas de sombra natural del cerro. Con plantaciones que ya demuestran estabilidad productiva tras 18 años de observación, el IDEP ha logrado validar un modelo de cultivo que convive armoniosamente con el monte nativo, cumpliendo con estándares de sostenibilidad ambiental que el mercado de especialidad global demanda. Para el sector empresario, el café tucumano no es solo un producto de nicho; representa la posibilidad de crear un «Malbec del norte», un bien de exportación con identidad territorial que permitiría a la Argentina integrarse a la cadena de valor del café, desde la producción de grano crudo hasta la formación de baristas y la comercialización retail.
Desde una perspectiva económica, el impacto potencial es disruptivo. La proyección de alcanzar 70.000 hectáreas aptas sitúa al café como un motor de desarrollo rural capaz de generar una demanda de mano de obra intensiva superior a otros cultivos tradicionales. La creación de una escuela de oficios vinculada al sector y la alianza con tostaderos locales para «educar el paladar» del consumidor nacional completan un ecosistema que trasciende lo agrícola para convertirse en un proyecto de soberanía alimentaria. En un contexto de restricción de divisas, sustituir importaciones de un insumo de consumo masivo mientras se desarrolla un producto de alta gama es una jugada de realismo económico que pone a Tucumán a la cabeza de la innovación productiva en el NOA.
Aunque el ciclo biológico del café impone una espera de tres años para alcanzar volúmenes significativos, la formalización del convenio con referentes del sector asegura que Tucumán tiene el camino trazado para dejar de ser solo un consumidor y convertirse en el primer productor de café del país.
