Pese a que las ventas al exterior crecieron un 47% interanual en valor, los productores del NOA advierten que el atraso cambiario y el colapso de los caminos rurales por las lluvias frenan la recuperación definitiva de la actividad.
La citricultura tucumana, corazón exportador del Norte Grande, atraviesa una paradoja económica en este 2026. Por un lado, los números que celebra el IDEP muestran una recuperación vigorosa: el complejo limonero ya representa el 57% de las exportaciones frutícolas de la provincia, con un salto cercano al 50% en el valor de la fruta fresca respecto al ciclo anterior. Sin embargo, tranqueras adentro, el clima en la Asociación Citrícola del Noroeste Argentino (ACNOA) es de alerta. La combinación de un atraso cambiario que erosiona la competitividad frente a insumos dolarizados, sumada a una infraestructura vial rural que «no dio más» ante las intensas lluvias de otoño, ha transformado la cosecha en una carrera de obstáculos. Para los productores, de nada sirve que el mundo demande limones si los camiones no pueden salir de las fincas o si el costo de producirlos crece por encima del precio de venta.
El diagnóstico de Roberto Sánchez Loria (ACNOA) es claro: el sector dejó atrás la sobreoferta global, pero ahora se choca con la ineficiencia interna. El principal cuello de botella hoy es logístico. Las precipitaciones triplicaron los niveles habituales en algunas zonas, obligando a Federcitrus y a la Federación Argentina del Citrus a reducir las cargas de los camiones para evitar que se hundan en accesos precarios. Este deterioro vial no solo retrasa la zafra, sino que encarece el flete en un momento donde la rentabilidad es todavía frágil. A esto se suma el reclamo por la «macro»: con un tipo de cambio que corre por detrás de la inflación de costos (mano de obra, combustibles y fertilizantes), producir en Argentina se ha vuelto caro en dólares, justo cuando la logística internacional —afectada por conflictos en Medio Oriente— también sube sus tarifas.
Pese a este escenario de «costos en alza y competitividad limitada», la demanda en Europa, Estados Unidos y Rusia se mantiene firme. El desafío de Tucumán para lo que queda de 2026 es, según Paula Rovella (ACNOA), gestionar la eficiencia operativa para no quedar fuera de mercado. La industria ya no solo pelea por mejores precios internacionales, sino por previsibilidad básica: caminos transitables para sacar la fruta y una estructura impositiva que no asfixie el valor agregado. El sector limonero ha demostrado resiliencia para recuperarse de años críticos, pero advierte que el crecimiento no será sostenible si la infraestructura rural y la paridad cambiaria siguen siendo el ancla de la economía regional.
El limón vuelve a ser el motor de Tucumán, pero con el freno de mano puesto. La recuperación estratégica está en marcha, aunque su velocidad dependerá más de las soluciones de fondo en infraestructura y macroeconomía que de la bonanza de los mercados externos.
