Por qué la aceleración de la tercera semana de abril rompe la tendencia de calma y qué impacto tiene la brecha entre el salario promedio y el costo de la canasta básica.
La dinámica de precios del tramo final de abril ha introducido un componente de incertidumbre en el programa de desinflación del Gobierno nacional. Luego de un marzo donde la Canasta Básica Alimentaria (CBA) corrió por debajo del índice general, consultoras de referencia como LCG, Analytica y EconViews coinciden en detectar una aceleración en el ritmo de aumentos de alimentos y bebidas durante la tercera semana del mes. Este fenómeno, traccionado principalmente por lácteos y panificados, corta la racha de descensos que se sostenía desde febrero y sitúa la inflación semanal en torno al 1,4%, un salto significativo frente a la estabilidad o deflación leve de los primeros días de abril. Para el análisis estructural, este «rebrote» sectorial representa una amenaza directa al poder adquisitivo, en un contexto donde el costo de vida ya se encuentra en niveles de resistencia para el salario promedio.
El trasfondo de esta aceleración revela una disparidad marcada por categorías y regiones. Mientras que productos azucarados y bebidas encabezaron las subas —llegando incluso al 2,3% semanal según Analytica—, otros rubros como carnes y frutas mostraron una mayor estabilidad o retrocesos, funcionando como anclas temporales del índice. Sin embargo, el peso específico de los lácteos y derivados del trigo en la dieta básica de los argentinos genera una presión desproporcionada sobre las líneas de pobreza e indigencia. El hecho de que la Patagonia lidere los incrementos regionales sugiere que los costos logísticos y de distribución continúan trasladándose al mostrador, erosionando los beneficios de la estabilidad cambiaria que el equipo económico de Luis Caputo suele destacar como pilar de su gestión.
Desde una perspectiva institucional y social, la aceleración de abril pone en tela de juicio la sostenibilidad de la mejora en el poder de compra que el Ministerio de Economía celebró el mes pasado. Si bien el nivel general podría mostrar una desaceleración respecto al 3,4% de marzo, la composición interna de esa inflación es lo que define la realidad social: una Canasta Básica Total que ya roza los $1,4 millones para una familia tipo se acerca peligrosamente al salario promedio de los trabajadores estables ($1,7 millones). Esta proximidad entre ingresos y umbrales de pobreza reduce el margen de maniobra del consumo interno, motorizando un escenario de estanflación donde la baja del índice general no se traduce necesariamente en un alivio para los sectores de ingresos medios y bajos.
El desafío para el cierre del cuatrimestre será determinar si este repunte de abril es un ajuste estacional aislado o el síntoma de una inercia de costos subyacente que obligará al Gobierno a revisar la velocidad de sus metas de convergencia inflacionaria.
