El estudio de la consultora Analytica reveló que la Patagonia registró la canasta básica más cara del país, ampliando la brecha respecto de otras regiones y profundizando disparidades regionales en un escenario de alta volatilidad económica.
El federalismo argentino tiene una cara oculta que se revela cada vez que un ciudadano llega a la línea de cajas. Un reciente informe de la consultora Analytica puso cifras a la «dispersión geográfica» de los precios, confirmando que el costo de vida no es unívoco en el territorio nacional. Según el relevamiento, la Patagonia se consolidó como la región con la canasta básica más costosa, superando ampliamente los promedios del AMBA y el Norte Grande. Esta distorsión no solo responde a la inflación general, sino a una compleja red de costos logísticos, salarios diferenciales y estructuras comerciales que hacen que un mismo producto de primera marca pueda costar hasta un 25% más dependiendo de la latitud en la que se lo adquiera. En un país con ingresos estancados, la «geografía del precio» se ha convertido en el factor determinante de la pobreza regional.
La explicación de por qué la Patagonia encabeza el ranking de carestía reside, en gran medida, en el costo del transporte. Con distancias que superan los 2.000 kilómetros desde los centros de producción bonaerenses, el precio del combustible y los fletes impacta de manera lineal en la góndola. A esto se suma el «efecto zona fría» y los convenios colectivos de trabajo del sector petrolero y pesquero, que elevan el costo operativo de los supermercados locales. Sin embargo, Analytica advierte que la logística no lo explica todo: la falta de competencia en localidades pequeñas y la concentración de bocas de expendio permiten márgenes de ganancia más altos que en zonas con mayor densidad comercial, como Córdoba o Rosario.
En el otro extremo, el Noreste (NEA) y el Noroeste (NOA) —donde se ubica Tucumán— suelen registrar los precios más bajos en productos frescos y de almacén, aunque esta ventaja se ve neutralizada por niveles de ingresos significativamente menores. La dispersión es tal que el informe detectó que la brecha de precios entre el aglomerado más caro y el más barato se amplió un 12% en el último año. Esta fragmentación del mercado interno genera que la medición nacional del INDEC sea, para muchos consumidores del interior, una cifra lejana que no refleja la realidad de su bolsillo. Para el consultor Ricardo Delgado, esta disparidad es un síntoma de una economía «desanclada», donde cada región ajusta sus precios según sus propias restricciones y expectativas, rompiendo la unidad del mercado nacional.
El «Changuito Federal» demuestra que Argentina no es una, sino muchas realidades económicas conviviendo bajo una misma moneda. Mientras la Patagonia paga el costo de la distancia, el resto del país lidia con una incertidumbre que hace del supermercado una experiencia radicalmente distinta según el código postal.
