Sin mayoría para eliminar las Primarias, el Gobierno explora una estrategia de «tregua electoral» con gobernadores como Osvaldo Jaldo. La oferta es tentadora: La Libertad Avanza resignaría candidatos propios en 2027 a cambio de las manos necesarias en el Congreso para sepultar el sistema electoral actual.
El pragmatismo libertario ha comenzado a trazar una nueva hoja de ruta ante la resistencia legislativa. A dos semanas de haber lanzado la ofensiva para eliminar las PASO, la Casa Rosada ha chocado con un muro: ni el PRO ni el radicalismo están dispuestos a ceder una herramienta clave para su propia supervivencia interna. Ante este bloqueo, Santiago Caputo y Karina Milei han empezado a desempolvar una moneda de cambio de alto valor: el armado de listas para 2027. La estrategia consiste en ofrecer a los gobernadores «dialoguistas», entre los que Tucumán ocupa un lugar central, la garantía de no presentar candidatos potentes de La Libertad Avanza que dividan el voto oficialista local. A cambio, los mandatarios provinciales deberán instruir a sus diputados y senadores para que le den el tiro de gracia a las Primarias, un sistema que Milei desprecia por su costo y su herencia kirchnerista.
El diagnóstico en Balcarce 50 es crudo: «Gobernador que no negocia, gobernador que enfrenta una lista libertaria». Con la imagen de Javier Milei todavía alta en el interior, la amenaza de una boleta oficialista pura es un fantasma que quita el sueño a los oficialismos provinciales que buscan su reelección. En el caso de Tucumán, el diálogo institucional ha sido fluido, y la provincia aparece en el radar como una de las jurisdicciones donde la Casa Rosada podría «bajar la intensidad» del armado propio para asegurar gobernabilidad legislativa. Para los estrategas del Gobierno, sacrificar una candidatura provincial en 2027 es un precio razonable si a cambio se logra una reforma política que incluya, además del fin de las PASO, el financiamiento privado de campañas y la postergada ley de Ficha Limpia.
Sin embargo, esta negociación de cúpulas enfrenta resistencias. Figuras como Cristian Ritondo (PRO) ya advirtieron que eliminar las Primarias «sin consenso» fue un error táctico que hoy deja al Gobierno mendigando apoyos. La tensión radica en que, mientras Milei busca eficiencia fiscal y control del calendario, los partidos tradicionales ven en las PASO el único mecanismo para contener sus propias internas. La mesa chica oficialista, integrada por Diego Santilli y «Lule» Menem, sabe que los gobernadores priorizan la retención del poder local por sobre las lealtades ideológicas. Si el trato se cierra, Tucumán y otras siete provincias podrían convertirse en los laboratorios de una nueva alianza donde la Libertad Avanza ceda territorio para ganar sistema, reconfigurando el mapa político nacional hacia un esquema de acuerdos bilaterales de supervivencia.
El destino de las PASO está hoy atado a la lapicera que dibuja las listas del futuro. En la Argentina del «no hay plata», el Gobierno parece haber encontrado una moneda que cotiza mejor que el peso: la bendición presidencial para los feudos provinciales.
