Un informe revela que el país no alcanza el 95% de cobertura necesaria, evidenciando un desfasaje entre el avance científico y la capacidad operativa del Estado.
La seguridad sanitaria argentina atraviesa un punto de inflexión crítico debido al deterioro sostenido de las tasas de inmunización. Según el último diagnóstico de CIPPEC, el país ha fallado en sostener el piso del 95% de cobertura necesario para la protección comunitaria, dejando a más de 1,7 millones de niños con esquemas incompletos. El fenómeno no responde a una falta de acceso inicial, sino a una falla estructural en el seguimiento y la terminalidad de los tratamientos preventivos. Esta desadherencia, que afecta especialmente a vacunas vitales como la triple viral y la antipoliomielítica, sitúa a la salud pública en un escenario de vulnerabilidad técnica frente a patologías que se consideraban bajo control institucional.
El trasfondo de esta caída revela una preocupante asimetría entre la oferta científica y la ejecución de políticas públicas. Mientras la industria farmacéutica global atraviesa una era de expansión sin precedentes, con más de 900 vacunas en desarrollo y plataformas de respuesta rápida, el sistema local padece una fragmentación que diluye la responsabilidad clínica. En la población adulta, la ausencia de una figura coordinadora —un rol que el pediatra sí cumple en la infancia— deriva en una falta de percepción del riesgo. Esta atomización del sistema, donde cardiólogos y clínicos no unifican criterios de prevención, genera un vacío de cobertura que compromete la estabilidad epidemiológica y la economía de la salud a mediano plazo.
Desde una perspectiva de impacto estructural, el desplome en la vacunación contra el VPH en adolescentes (apenas superando el 50%) anticipa una carga sanitaria futura por patologías oncológicas que son, en esencia, evitables. La paradoja es total: Argentina posee uno de los calendarios más robustos de la región, pero la eficacia de esta herramienta se ve neutralizada por la erosión de la confianza y la pérdida de la cultura preventiva. Recuperar los niveles históricos de inmunización exigirá una reestructuración de la atención primaria que trascienda la mera disponibilidad de dosis y se enfoque en la gestión integral del paciente a lo largo de todas sus etapas vitales.
La sostenibilidad de la salud colectiva depende de cerrar la brecha entre los avances de la ciencia aplicada y una gestión territorial que hoy se muestra incapaz de garantizar la protección mínima de sus ciudadanos.
